"Los hechos y/o personajes del siguiente Blog son ficticios, cualquier similitud con mi vida personal es pura coincidencia."



viernes, 11 de marzo de 2011

Soledad nunca está sola, aunque hay días que ella siente que lo está.

Una parte de mi se siente liberada, la otra... devastada. En el diario semanal de mis sentimientos tengo que anunciar que finalmente estoy completamente sola, y no hablo de una casual soledad, sino de una profunda, esa que perdura hasta un sábado por la noche.
No puedo evitar sentirme mal, y replantearme la situación o la decisión que tome sin poderla traducir en palabras. Realmente es lo que todos en alguna ocasión nos preguntamos, sabemos que tal relación no funciona, o desde un comienzo no es lo que buscábamos pero la alargamos por el hecho de entretenernos, o ponerle una cuantas fichas a ver si las cosas pueden cambiar y tonarse mejores. Pero con el tiempo, esa sensación que no sólo perdura sino se acentúa, nos hace topar con un fin, y sin embrago cuando la misma termina no podemos dejar de sentir esa angustia opresora en nuestro pecho.
Entonces nuestra conciencia nos interroga ¿Si hay dolor... será arrepentimiento? Quizás. Pero la pregunta es incorrecta. El dolor es síntoma de que algo nos fue arrancado, de un cambio en la costumbre, de una nueva ausencia. La cabeza está por sobre el corazón, y no me voy a cansar de repetirlo, la cabeza entiende cosas que el corazón sólo siente. La cabeza predice, analiza, el corazón es impulsivo y sólo actúa. Así cuando algo se termine en su vida porque así decidieron que fuera, y surja un dolor que hostigue sus razones, sólo sientan, déjenlo salir y reformulen bien su pregunta ¿Hice lo correcto?
Y el dolor no será respuesta negativa; pero las razones en cambio sí.

Definitivamente no podemos tener una relación con el amor. La gente se enamora de otra gente, no de sentimientos. El amor nos cautiva, y más cuando andamos solos, tristes y carentes del mismo, pero a la larga entendemos que no nos llena el amor ajeno. Para estar completos, el amor tiene que nacer dentro, ser nuestro.
Y confusa ante el amor, tentada por la invitación a volver a sentirme querida, caí.
Preocupada en parte por creer en un momento de estúpida desesperación, que no hay vuelta atrás, no hay cincel para mi coraza, no hay manera de volver a sentir otra vez. Que soy yo el problema, una piedra inerte, fría, dura, distante... resentida.
Esta mañana me sentí una basura frente a las numerosas víctimas de, justamente, mi resentimiento, y cambié ese malestar, por soledad y dolor. Ahora todo está reordenado como en un principio, con mis emociones justas y la imposibilidad de lastimar a alguien que no sea a mi misma.
Espero haber madurado y por primera vez enfrentar la soledad sin la necesidad de descarrilarme.

No fue mi error probar. Y pese al dolor y a sentirme mal, hice lo correcto.

martes, 8 de marzo de 2011

Llenando la falta de amor

miércoles, 2 de marzo de 2011

Dicen que es el error más grande... fingir o forzarlo.

Se llamaba Soledad y estaba sola
como un puerto maltratado por las olas,
coleccionaba mariposas tristes,
direcciones de calles que no existen.

Pero tuvo el antojo de jugar
a hacer conmigo una excepción
y, primero, nos fuimos a bailar
y, en mitad de un “te quiero” me olvidó.

De Esperanza no tenía más que el nombre
la que no esperaba nada de los hombres,
coleccionaba amores desgraciados,
soldaditos de plomo mutilados.

Pero quiso una noche comprobar
para qué sirve un corazón
y prendió un cigarrillo y otro más
como toda esperanza se esfumó.

Por eso, cuando el tiempo hace resumen
y los sueños parecen pesadillas,
regresa aquel perfume
de fotos amarillas.
Y, aunque sé que no era
las más guapa del mundo… juro que era
más guapa que cualquiera.

Se llamaba Inmaculada aquella puta
que curaba el sarampión de los reclutas,
coleccionaba nubes de verano,
velos de tul roídos por gusanos.

Pero quiso quererse enamorar
como una rubia del montón
y que yo la sacara de la
“calle de los besos sin amor”

Y, mil años después, cuando otros gatos
desordenan mis noches de locura,
evoco aquellos ratos
de torpes calenturas.
Y, aunque sé que no era
la más guapa del mundo, juro que era
más guapa, más guapa que cualquiera.




Sabina♥

domingo, 27 de febrero de 2011

Sin miedo a nada.

Me levanté de la cama, despegando las sábanas de mi piel, adheridas por el sudor ante la ineficacia del ventilador. Me hallé demasiado revolucionada como para conciliar el sueño, y sin embargo había mucho en qué pensar cómo para verter esas energías en un vaso de hielo y vodka, y salir como todos los sábados, religiosamente, a buscar un dios en quién creer mediante la pérdida de conciencia.
Me cansé de querer fallar. Sigo preguntándome reiteradas veces por qué razón estoy obstinada en continuar postergando mi felicidad. Tengo un sí tan difícil como imposible y un no tan débil como un sí.
Quiero, empiezo por esto y está bueno. Puede que todos los finales, sea cual sea la historia, sean tristes, y puede que incluso nos pasemos la vida tratando de entender como carajo vivirla pero sólo nos demos cuenta cuando estemos muertos, y quizás se trate todo de una puesta a prueba, una tortura y un insistente sufrimiento, pero a final de cuentas esto es todo lo que tenemos. Y saben muy bien aquellos que las han pasado variadas y difíciles, que es aun peor no sentir nada que sentir dolor.

Por eso a pesar de que mi pensamiento es perenne es impracticable. Así que vamos a vivir que los invito.
Si de los años escabrosos que enredé con quejas y tentativas, hubiera invertido al menos un par de meses en intentar (y con intentar era más que suficiente) solucionar lo que andaba errado, o con eliminar lo que estaba demás, envenenándome el alma, hubiera evitado más de un disgusto y ahorrado el sobrehumano esfuerzo que hice por sobrevivir.
Pero ya no me preocupa el tiempo perdido, este fue el largo camino que tuve que recorrer quizás para lograr que se cayera esa ficha y despertar. Si así efectivamente fue, entonces no hubo segundo que haya sido vivido en vano.
Quiero hacer un par de cosas.
Hace unos días, mientras leía una novela realmente ilegible, me puse a pensar que esa opinión que yo tenía de aquella mala obra, hubiera sido la misma opinión de todo aquel lector que se hubiera atrevido a ojear algún libro mío en el caso de alguna vez alcanzar mi fantasía infantil de publicar uno. Y al momento inmediato, me sentí satisfecha por haber abandonado aquel sueño y junto a él la posibilidad de humillarme en el lenguaje de las letras.
Que estúpida. Lo que necesito es fallar, muchas veces, la cantidad que sea necesaria para entender que no hay ningún fin que venga adherido al fracaso, para aniquilar ese miedo a la imperfección. Negada a empezar de abajo, yo quiero la vida fácil que tienen los de allá arriba.
Pero ahora lo se, el sacrificio es lo que le da el valor a las cosas. El conseguirlo es tan diferente al haberlo tenido desde siempre. ¿Como puedo saber lo que en verdad significa si nunca sentí su ausencia? puedo imaginarlo y acercarme bastante a la sensación de falta, pero jamás voy a saberlo hasta que en efecto no lo tenga.
Así me desplazo desde mi aspiración frustrada a ser escritora a mi carrera universitaria, a mis relaciones interpersonales, a la enemistad que guardo conmigo, a la dejadez del día a día... a lo que es mi vida hoy: Un dos por ciento de lo que podría ser, ¡y por favor, no exagero! Les juro que soy un simple ente, inanimado e inerte por el miedo. Escucho mi nombre y sólo me veo ahí, entregada a la seducción de las sábanas, negada al correr del tiempo, y totalmente desinteresada por todo. No me basta que lluevan oportunidades, necesito que me caigan, me envuelvan y me impidan escapar de ellas.
Es en serio, no exagero cuando digo que le temo, o me repela o simplemente siento que no la merezco... (estemos hablando de la felicidad o de mi vida).

Mentiría si dijera que esta es la primera vez que acepto este pequeño inconveniente, que nada más está consumiendo mis horas en condición de ser humano.
Pero tengo ganas de que deje de ser así. Quiero cambiar hasta lo más mínimo, y se que soy bastante necia al volver y escribirlo, exponer una vez más lo que podría ser un nuevo fracaso público y no reconocido. Pero esta noche, esta madrugada, una de las últimas de febrero, esta que sin ninguna distinción es muy particular, yo quiero sentirme diferente, y hoy me creo.

Tengo un cuadernito, (uno entre tantos en donde escribía cuando tenía la cara demasiado hinchada de llorar, como para fingirme normal y bajar a escribir en el ordenador) que encontré el otro día, y me decidió a hacer una listita. Se trata de una enumeración de metas, que son chicas, posibles pero muy complicadas. Nada fácil, el inicio... pequeñas cosas que me abrirían la puerta del cambio, el puntapié o la iniciativa, es que más nos cuesta. Con sinceridad y con pena se que hasta que no empiece por esas, nunca voy a llegar ser nadie. Y el día de mañana quizás lo consiga todo, sea abogada, dueña de un mono, viva en áfrica y tenga una estantería llena con mis libros y hasta un best seller, y sin embrago, a pesar de aquello voy a seguir vacía sin tener nada.
Cuando sepa dónde está mi alma, recién ahí voy a poder comenzar a llenarla con amor primero y luego con mis logros. Sentirme alguien: yo.

Por el momento soy un bosquejo de un sueño, un aspiración que todavía no se intentó, un anhelo, congelado por el miedo.
Determinación, voluntad, conducta, sacrificio y devoción.
¿cuánto vale lo que quiero? Infinitas vías para elegir transitar. La que queramos, y estamos así... ¿estamos conformes?
Cerrar los ojos e imaginar mi vida ideal, o algo así fue lo que leí en la famosa red social. Pensar que basta con eso en serio, con cerrar los ojos y quererlo y saber que esa fantasía puede dejar de serla con abrirlos y empezar a vivirla en vez de soñarla.
Pasamos la vida entera enroscados buscándole la vuelta y al final el camino era el más sencillo y corto: una línea recta.
A cultivar seguridad y autoestima. O en el peor de los casos, engaños y mentiras, y creer lo que quiera hasta volverlo real y que aparezca.

martes, 22 de febrero de 2011

Queridos Lucky Strikes Convertibles, GRACIAS.

De primavera a verano, los meses se escaparon y llegó ese Marzo de promesas.
Siempre tan atenta a las fechas y a los períodos en el tiempo, siempre expectante y ansiosa, abrumada por querer estar lejos o cerca, caprichosa ante el inalterable reloj.
Y llega el final de febrero, que arrastra una temporada de infiernos, y llego desplomando felicidad vieja, buscando más, arrastrada por esa sensación permanente de vivir insatisfecha.
Quiero tanto y creo tener tan poco para hacerlo, tengo todo y no puedo permitirme tomarlo.

Creo haber muerto cada diez días por lo menos en el último cuarto de año. Y cada vez que intento volver a la vida, tengo menos ganas y menos luz que la última vez.
Soy una centésima de lo que alguna vez fui, soy sólo una porción de mi sonrisa y una masa creciente de angustia que se propaga desde aquel agujero en mi pecho dónde solía morir y resucitar el alma.
Una sombra que alguna vez dejó mi paso hacia la agonía.

Pero llegó marzo, y pese a mis tantos asesinatos, sigo viva o aparento estarlo.
Y te prometí entre tantas cosas, dejar una de las pocas que todavía justifican mi estancia en la vida, créase o no, estoy tratando de entender, de explicarme como seguir respirando sin hostigar a mis pulmones.
No puedo, realmente siento que no puedo respirar sin sentir la nicotina impregnada en las paredes de mi sistema respiratorio, sin esa sensación de sequedad en mi garganta y esa carraspera que aparece cuando me fatigo. Es tan sencillo respirar que siento la necesidad de complicarlo para apreciarlo más.


Hoy, después de haberme asesinado suavemente durante un año... hoy elijo vivir.

Los Lucky Strikes Convertibles, fueron parte de mi definición por un tiempo. El fumador tiene momentos que el que no fuma no encuentra.
El bajar a fumar un pucho, el salir al balcón o simplemente mirar por la ventana, el hacer amena una espera, y disminuir el largo de las cuadras caminadas, el calmar la ansiedad y llevar la mente lejos de alguna obsesión. El ocupar la cabeza en algo, crear una nueva actividad, hacer sentir confortables a nuestros pulmones, calmar esa necesidad que creamos por placer. El fumar es una experiencia pasional que muy pocos saben disfrutar, es algo más que inhalar y exhalar humo, es algo más que una forma de morir paulatina... es alegría, felicidad, o como mierda quieran llamarlo, pero definitivamente algo así me producía. Y lamentablemente era elegir entre esa alegría y la posibilidad de un cáncer o de una vida sin riesgos pero sin esa satisfacción..
Y ahora yo me cuestiono.. ¿valen la pena largos años de vida vacíos?
Tienen que haber otras formas menos dañinas de rellenar ese vacío, la muerte no puede ser una opción.

Tengo miedo de no poder. Me corrijo... tengo miedo de que llegado un día ya no quiera.
Miedo de no querer y volver.
Me concedo un marzo para desenamorarme de ustedes.

martes, 15 de febrero de 2011

El niño con el pijama de rayas.

Basada en la novela de John Boyne.


Cinco de la mañana, acabo de terminar de ver esa película, hace mucho que no lloraba enfrente de un monitor, un poco se extrañaba. Tengo que decir excelente, hace mucho también que no veía una película tan... no sólo buena, sino profunda, que me atine y le de un vuelco completo a mi cabeza a tal punto de repleantarme esa dureza externa, esa coraza y ese disfraz falso en el que me escudo y con el que me siento psicológicamente más fuerte.
Tengo que admitir que hay un lado humano, que pese a que la cabeza lo controle todo la potencia del corazón es indomable, impensable sinceramente. Y en momentos como estos, todo, absolutamente todo lo que hasta esta mañana tenía un valor significativo pierde relevancia y veo esa riqueza, esa gracia de estar tan perfectos sientiéndonos vacíos, atentos al dolor y ciegos, queriendo ser lo que ya somos: felices.
Lo descrubrí hace poco, mientras me replanteaba mi futuro y la inclinación de mi carrera, lo vi claro y sentí esa necesidad humillante de elegir, los vi disociados y opuestos como si se tratara del blanco y negro, el mal de un lado y el bien del otro, el poder y la inmortalidad respectivamente, ambos enfrentados. Y ahí espectante estaba yo a punto de elegir, tomar un sendero y decidir por cual camino seguir.

Parece totalmente descabellado, elegir entre ser bueno y malo, quizás hasta me de verguenza admitir que de vez en cuando antes de dormir, mientras acomodo la almohada de mil formas y pruebo infinitas posturas incómodas o subo y bajo la potencia del ventilador, abro y bajo las persianas, o salgo sin más remedio a fumar entre los helechos del balcón... mientras mi sueño está tan vivaz que se niega a dormir, yo elijo con el ángel y el demonio a cada lado, uno triunfa en la vida el otro cuando la misma termina. ¿Y entonces sólo sería buena por el posible Karma de una próxima vida? ¿O por un terror infantil ante la existencia de un demonio que castigue mi malicia? Y si no creyera en nada, si para mi no hay dioses, no hay fuerzas superiores más allá de la naturaleza que es de vana existencia, intrascendente... entonces ¿habría algún motivo para ser buena? ¿No tiene la maldad mayor astucia, poder y rapidez? ¿Y sin embargo, si es mucho más sencillo y eficaz... porque no posee entonces también a la felicidad?

Quisiera no elegir, y sólo ser... Pero la vida te sorprende y las malas tentaciones saben tomarte desprevenido para vencerte. Tuve miedo, miedo de un día descubrirme que ya no puedo quererme, ni querer ni que me quieran. Tengo miedo de que mi paso en esta vida sea en vano, y aun peor, destructivo, miedo también de que lejos de encontrar mi objetivo impida el de muchos.
Jamás podría hacerle honor a mis palabras, a ese corazón que se muestra tan prepotente. Superflua e indiferente... yo no soy esa, soy como todos, de la misma sensibilidad y debilidad, pero con una mente capaz de decir mentiras con la verdad.

Volviendo a la raíz del asunto, que surge en la anteriormente mencionada película, encuentro debilitada mi simpatía hacia la raza nazi, no por la raza en sí especificamente, sino ante la propagación de mi desprecio que se extiende desde los judíos hacia al resto de la humanidad en su existencia absoluta, sin discriminación alguna, un rechazo general frente a la repugnante bestialidad con la que se desenvuelve y aspira a progresar y vencer el ser humano.
Y comprendí que la justicia no es cosa de mortales, que la venganza tiene en su rencor la misma carga negativa que quién primero atacó. Lamentablemente, es en mi resentimiento donde radica la vacilación entre el bien y/o el mal. Y me siento más humana que nunca, sabiendo que depende al contexto y las circuntancias podría caer en cualquiera de los dos bandos. ¿Realmente somos tan poco predecibles? ¿Imposible sería guardar la certeza respecto a una sóla postura?
Quisiera tomar una elección imperturbable. Pero una vida me va a tomar dar testimonio de que así será.



Vean la película, les dejo el link:
La calidad es bastante mala, pero vale la pena. A los setenta y dos minutos si se corta, con un F5 estamos, o es cuestión de registrarse y listo.
Si tienen el libro al alcance por favor no duden y léanlo primero, y después por favor me lo prestan.

viernes, 11 de febrero de 2011

Mendigos de amor.


Vuelvo a ser la misma, otra vez me cansé de ese par de ojos y de ese calor irritante de un par de brazos que ya perdieron la oportunidad de rozarme. Puede que me haya cansado de suponerte, de figurarte en mi memoria rota y que el paso del tiempo distorsione hasta tu voz en el teléfono. Puede que tus comentarios se hayan vuelto más hirientes al percibir que independientemente a la distancia física, estando a mi lado, seguirías bastante lejos.
Me veo al instante en que tus palabras melosas intentan domarme, me veo salvaje, suelta y con la libertad de esos años que perdí regalándolos a alguien más, incapaz de administrarlos, desperdiciándolos en manos de quien con orgullo solo los dejaron empolvar esperando. Las nauseas reiteradas ante tal idea repulsiva de verme asida, y el impedimento de lo prohibido, una restricción que sola me impongo... ¿a modo de castigo?
La infelicidad tras las asfixia.
Dios, estoy exagerando una vez más. Amo encerrarme entre muros que no existen y crear mis propios límites irrompibles. Pero tal vez, no seas suficiente como motivo que me incite a dejar de lado una parte vacía de mi vida como precio para conservarte, porque junto a ese vacío también relego la posibilidad de hallar oportunidades... y mejorar.. te, suplantarte por lo que quisiera que seas.
El problema serás vos.. ¿yo? El problema es con todos, aunque a veces sueño con que ese ‘todos’ lleve un ‘casi’ de prefijo. Pero no encontré todavía la excepción que me inspire esa esperanza. Estoy desahuciada entre una encrucijada mental de alta exigencia, de necesitar compañía, de soñar con el amor, de ser altamente caprichosa, y frente a la imposibilidad, la inexistencia de lo que quiero, crearlo en mi cabeza, disfrazar la realidad, creerte para mí, escuchar la mitad de las boludeces que decís.
Tengo algunos inconvenientes, no lo voy a negar. La misma exigencia que tengo para conmigo, extrema y nociva, que me busca perfecta y se muere de tristeza con lo que encuentra, la tengo hacia el resto, y me veo baja, pequeña, de un par de pulgadas y sin embargo vengo de un planeta diferente... de gigantes.
Sigo buscando, con vos sigo intentando, pero no puedo reprimir mis besos si te tengo tan lejos. No puedo devorarme la ausencia de mi alma y de la tuya, ya es demasiado con una sola falta. Puedo enamorarme de un engaño, en efecto te extraño, pero de vez en cuando duele sostenerlo, y ya no se si quiero pagar el precio de una mentira a tus ojos, que pese a dañarme constantemente no parecieran querer lastimarme.
Mentirnos.. por calor o compañía, pagarle con mentiras a un testigo para que presencie nuestras vidas y pueda dar testimonio de la existencia de aquel período que compartimos. Una farsa, una necesidad honda y corrosiva que nos abruma hasta la desesperación de reclamar cariño.
Lamentablemente creo que se adelantó la fecha de vencimiento que me grabaste en los labios con ese primer beso... Sabemos que siempre duele más la mentira, como para continuar alargando esta hipocresía.
Por el momento pretendo continuar sola esta odisea de encontrar una verdad que me valga tanto dolor que me dio la vida.

martes, 8 de febrero de 2011

I want it!

Me levanto y a duras penas quizás llego al gimnasio. Busco trabajo, intento enamorar al perro (jamás voy a rendirme antes de conseguir que me regale algún tipo de afecto), miro el programa más mediocre y popular de la televisión argentina (que no por eso deja de ser el mejor de todos), leo un libro pésimo de un autor bastante distinguido, como y cocino (sí, en ese orden) y así consumo las horas hasta que llega la noche del jueves o el viernes en su defecto, y salgo a contentar mi sed de adrenalina y a castigar al hígado. Y a los siete días todo se repite, aunque recién haya ocurrido sólo dos veces.

Puedo ver en mi anterior semana lo que serán mis siguientes, y lo único que me estimula es ver al muchacho de los ojos de burrito, mezclar un poco de jugo con vodka para embobar un poco a mis neuronas y salir de mi casa a fumarme un pucho en las escaleras de la entrada de la casa de al lado que la habitan un par de fantasmas. ¿Y con eso soy feliz? Te juro por dios que cuando me voy a dormir me quisiera despertar. Que no es ni alcohol, nicotina ni sexo, que no es siquiera ese bendito amor que de alguna manera dentro mío está naciendo. Que en cambio es ese reflejo de mi esencia que nunca veo..
Puedo verlo así, de ese modo pobre como lo describí en un principio, puedo verlo como una quinceañera estimulada por los vicios, fanática de las novelas de la tarde, que mata el tiempo mientras mata a sus pulmones y sus horizontes se topan con la moda, las revistas, el cholulaje y un sillón de dos cuerpos que es su sagrado santuario.
Puedo verlo negro, sucio y humillante, verlo como durante todos estos años vi mi vida, no importa lo mucho que hiciere ni los cambios que lograse.
Pero por qué no se me ocurre reparar en el ínfimo detalle de mi felicidad (llámese ‘contento’ ‘comodidad’ o ‘estar a gusto’), ¿por qué no ver todo eso que por fin dejé atrás? ¿por qué seguir empecinada en todo lo que me falta y no felicitarme por todo lo que abandoné? Porque sigo siendo en gran parte pesimista y extremadamente exigente, y me niego a darme una palabra de aliento a mitad de camino.
Esto último también esta en cambio. Si voy a guardar la felicitación para el final del camino, voy a recibirla cuando esté muerta. Es ilógico.
En fin, somos un imán en el universo que atrae elementos de la misma carga, y hoy estoy positiva, muy, mejor dicho este último tiempo lo estuve, y por eso llegó el a mi vida, por eso esta mañana sonó el teléfono para concretar la entrevista de mañana, por eso el gimnasio no cerró por vacaciones, por eso, por eso, por eso... Muchísimos, pequeñas cosas que simplemente encajan a la perfección con la petición de nuestros deseos. Y no es obra ni del destino, ni de la suerte ni de nadie, es cosa nuestra, de nuestra seguridad, confianza, y nuestras ganas, de saber lo que nos merecemos.

Mucho el Secreto me parece jaja, me estoy convirtiendo en un libro diario de autoayuda, literalmente autoayuda, porque a la única que le puede servir leer estas pavadas es a mí misma, jaj. Pero en fin, se siente bien despertarse con ganas, y no porque estén saliendo las cosas relativamente bien, porque de hecho no tengo absolutamente nada, estoy igual que hace dos meses o tres años, pero tengo esperanzas.. de amor, de trabajo, de estudio, de absolutamente todo, y en las ganas y la fuerza (¿o fe?) es dónde radica la tajante diferencia.
Mañana va a estar soleado y me resbala lo que diga el pronóstico de esta noche, y yo estoy sana mentalmente y me resbala el diagnóstico del psicólogo, y todo va a salir como yo espero y quiero, siendo indiferente a los condicionantes, el destino y toda esa porquería, única y simplemente porque así es como se me antoja que sea en este momento.

sábado, 5 de febrero de 2011

Miau,

Te juro que ni por un segundo dejé de pensarte.
Me arrepiento, y quise sin quererlo en serio. Ya no es lo mismo, hay una mancha que desenfoca el destino. Perdonarme sería un error, pero igual te lo imploro, perdoname mi amor. No me preguntes, no sabría mentirte.
Los días corren con el único objetivo de volver a verte. Te extraño, tanto...

Voy cayendo, en las ansias de reencontrarte. Soy tan frágil frente a tu recuerdo, tan vulnerable.
Y lo más indignante es que quizás podría evitarme, reprimirme, desaparecer ahora que todavía estoy a tiempo, y sin embargo no quiero. Quiero en cambio seguir caminando.

jueves, 3 de febrero de 2011

Summertime.

Si hubo algo que extrañé estos últimos quince días lejos de casa, además de los almuerzos y cenas de mamá y de las puteadas mañaneras de mi viejo a modo de despertador, fue al teclado... procuren contener risas, porque lo digo muy en serio. Es mi cable a tierra, el único instrumento capaz de atrofiarme los dedos y acostumbrarlos a golpear teclas, perdiendo la habilidad de dominar bolígrafos y presionarlos contra el papel.
Mi descarga se produce únicamente frente a un ordenador y es así. Sumada esta abstinencia a los sucesivos acontecimientos que tuvieron lugar estas dos semanas, y se quedaron carburando en mi cerebro haciendo leña con mis neuronas fundidas.
Por empezar, hubo más de un encuentro desafortunado, esos que por más que te preguntes y repreguntes te vas a morir sin saber para qué carajo tuvieron lugar.. pero ahí estuvimos, yo y ellos, para vernos una vez más, para jodernos la vida o para qué uno puede llegar a saber.
Puedo llegar a pensar que a partir de esos momentos, el no, es decir el corte se volvió concreto, el cierre se corporizó en un hecho tangible, en la distancia considerada cuando nos saludamos con un beso. Puedo llegar a pensar, que vi claramente como mi pasado sigue vivo, y puede seguir viviendo tranquilo, allá atrás, sin la necesidad exasperada que siempre me urgió por desaparecerlo, arrancarlo de mi memoria y creerme entonces que nunca nada pasó.
Es mentira, el poder de la mente es exquisito claro está, y sabemos que es quien impera sobre el resto de nuestro cuerpo y ser, pero superar no es lo mismo que aceptar. Y yo sólo supero, escalo, huyo, me alejo, subo y piso. Jamás acepto nada, porque lo siento injusto (la vida de hecho es una sucesión de hechos de poca justicia y sin fundamentos).
Por eso me duelen muchos recuerdos que en realidad ya no significan nada. Porque cuando el destino y el mismo presente exhuma la fosa donde enterré todos mis muertos, los fantasmas que nunca asimilé vuelan directo a mi cabeza para perturbarme.
En efecto, después de tantos malos tragos, entendí que está bueno haberme por fin acabado el vaso, jaja.
¿Y esa noche tétrica en el hospital...? Y esa otra noche de manos esposadas y mi cárcel que siempre fue mi cuerpo... Otra vez no puedo explayarme, quizás esos sean otros nuevos cadáveres del pasado que ya me adelanté a sepultar sin tener tiempo de aceptar. Y bueno, el hombre es el único que animal que tropieza dos veces con la misma piedra, ¿no es así?
Demasiado alcohol, ¿será un intento de acelerar la vida? Nunca lo tomé así, pero podría ser una posibilidad.
Dos encuentros de mierda (sin sutileza), cuarenta y ocho discusiones y veinticinco llantos, horas de sueño demás, tres botellas de vodka nada más, catorce días nublados (quizás para toda la ciudad salió el sol, pero para mi cabeza, para mi departamentito de Falucho el sol hizo un par de apariciones y después se hizo desear), ninguno llovió... ¿Me fui yo o fui yo a llevar a alguien más?
Me confunde, pero tengo que admitir que a pesar de que indudablemente la necesito, ya no soy tan dependiente de la soledad.

Si todavía tenía alguna duda, este primer mes hizo una masacre con mis inseguridades. Volver y encontrarme con este listado de títulos escalofriantes, y con un intento de mujer y con todas las carencias que implica el sexo femenino, sufriendo por todos y por ella misma. Histérica, molesta, pesimista y resentida –Resentida, he dicho- Volver y encontrarme con un espejo que no refleja un carajo, y un par de ojos obnubilados que por mal ingenio sólo filtran lo que me hace mal. Volver y no entender ni donde estás parada, y encontrar una hoja en blanco, puramente en blanco, una vida virgen, un abanico de oportunidades, y entonces dale, vamos a elegir. Volver a empezar, ya perdí la cuenta de las veces que reanudé, pero de eso se trata de un ‘reanuedo’ constante.

En fin, me quedo con esa sensación vagamente feliz, que robé o me regalaron, con el amor de verano, restándole la preocupación por su trascendencia, que sólo el tiempo decidirá.
Me quedo con la imagen de las olas suicidándose contra la escollera, mis pulmones respirando como pocas veces y esa sensación de omnipotencia que te confía tu cabeza cuando tu cuerpo es incapaz de llevarte a donde tu mente te espera.

martes, 1 de febrero de 2011

Volverte a ver

No sabría con certeza desmentirte, y si lo hice fue por autoreflejo, ante tu comentario que me resultó de imprevisto bastante necio. Hace tiempo ya no distingo muy bien el amor y el sexo, la necesidad y la costumbre, el rechazo hacia la soledad o el deseo de una compañía. Se me hace por momentos la misma cosa, y cuando actúo y más tarde lo pienso las razones se me vuelven invisibles.
Pero quiera aceptarlo o no, tengo que reconocer que en algún punto fue (fuiste, quisiera decir sos) distinto. Si bien no es la primera vez que algo se me presenta como ‘aparentemente imposible’, se profundamente que el factor que te hace complicado, al límite de estar a medias desaparecido, te vuelve mucho más atractivo. Y es incluso tu contacto a la distancia lo que más me desquicia, ese histeriqueo entre retenerte en la memoria fresca por tu voz resonando en el teléfono, y la rabia por arrancarte, por dejarte junto la imagen del mar que nunca mojó siquiera mis tobillos. ¿Cómo saber entonces si verdaderamente la rompiente y sus bramidos no eran sólo una bonita imagen sonora decorado tu aparición casi fantasmal en mi presente? ¿Cómo saber hasta donde es irreal el ilusionismo y en qué momento decide volverse milagro?
Se trata de uno de esos incógnitos que son bellísimos únicamente en su condición de ser acertijos. Me da miedo resolverte pero me destroza no poder siquiera intentarlo.
Pasos en falso, tu perfume se expande a kilómetros de tu cuello y llega hasta el mío para torturarme. Es una pelea constante entre mis neuronas y mi corazón tuerto, es ese afán de ser feliz o de por lo menos permanecer imperturbable a la preocupación, al dolor y ahora también a las distancias. Tenerte lejos, inalcanzable -odio muchísimo esa palabra- de manera que no consigo nada invocándote reiteradas veces y esforzándome por mantener vivos ese par de luces negras en los ojos más vanidosos y orgullosos con los que tuve la suerte, o infortuna, de toparme.
Pierdo tiempo, ganas y esfuerzo, atención que la cabeza misma me reclama. Perdí el enfoque y me conozco, no puedo hacer dos cosas bien al mismo tiempo. Dos problemas no se resuelven conjuntos, al menos no en mi cerebro minucioso y lento. Y está en mí, volverte un nombre más en el recuerdo y desaparecernos, o revestir mis rostro con cera y por dentro dejarme endurecer de vuelta. Y que sólo seas eso, el primero y segundo y el catorce y el quince de un mes.
No se si agradecerte o agradecerme, no encuentro ni el motivo ni el segundo exacto en el que mis músculos se desentumecieron y el palpitar se volvió cada vez más intenso... más arriesgado, más exagerado, más traicionero.
Soy realista, y mi negatividad se debe a que la realidad misma es netamente negativa. Peleé, pero en un mano a mano, sabemos que mi cabeza es la que lleva el mando. Y pese a estar perdiendo te extraño.

lunes, 31 de enero de 2011

¿Cómo puede uno extrañar lo que tanto le afecta?

miércoles, 12 de enero de 2011

No retornable

Lo lamenté muchísimo.
Verme reflejada en escaparates y charcos sucios de calles anónimas, salpicadas de angustia infinita, esa que nace en tu pecho para quedarse, que por más que la vida y sus momentos fugaz y falsamente felices intenten revertirla, jamás lograrán extinguirla por completo. Son esas manchas indelebles que impregnan tu alma y te convierten a menudo en un ser diferente al que eras.
Quisiera tener un video grabado de la tarde de ayer, o una historia redactada de forma impecable detallando cada lágrima que no pudo salir. Y sin embargo jamás llegarías a comprender esa soledad reprimida, ausente y necesaria, que robándome la vida no se decidió a matarme por completo. Iba errante, entre un laberinto de edificios y casas desalojadas, porque en mi realidad paralela el mundo está deshabitado, y no hay nadie que oiga, que se detenga, o que distinga el tenue brillo invisible de un alma que tomo un cuerpo que no le pertenecerá jamás.
Así me sentí, como una usurpadora, una farsante que había tomado una vida que no le correspondía y ni siquiera sabía cómo usarla. Sigo convencida de que el mero hecho de respirar no es condición suficiente para determinar si un ser sigue con vida. Podría dar prueba empírica y fehaciente.
Entonces tomar la hora y cuarto de ayer, sentada en el pórtico de un hombre sin nombre, sin oficio, sin futuro, errante como yo, amante de una pasión y preso de dos vicios, y regalarte la espera, y los peldaños que nunca bajó, la demora que terminó en ausencia, desconsuelo y la soledad más concreta que creo ese ser que ahora toma este cuerpo.
El desenlace o la reacción siempre fue la misma, nicotina para esa asfixia indispensable y las calles interminables que llevan todas a los mismos sitios: oscuros cielos negros, ojos hambrientos y alguien siempre dispuesto a calmar tu dolor con uno nuevo.
Lamenté los años vividos, lamenté ese dolor que me devoraba por dentro y dejaba una miseria, un ser corroído y lleno de ira, indiferente y frívolo. Lamente ese monstruo que todo mi pasado había forjado y que mi futuro prometía incentivar. Sin inocencia y con amplia libertad, asesinándome y dejando un límite bien marcado que nadie más pudiera atravesar. Hay un muro inmenso entre mi vida y la humanidad.
Y en momentos como ayer, quedan escondidas las causas y explicaciones, cuando ya no tengo nada más para dar, cuando notan que mi sangre es de hiel, y ya no puedo sentir nada… Miedo, ese es mi pasado y ya no lo tengo. Tengo cicatrices por todo el cuerpo, por más que no las veas, están por dentro. Ya no tengo ganas, ni deseos por irme o volver, o dejarme por siempre, ya no tegno siquiera la sensación de que me falte todo.
Ya no puedo volver a sentir. La realidad es sádica, y yo aun más que ella. Es un noventa y ocho por ciento que aborrezco y el restante dos, somos unos pocos desilusionados de la vida que de a poco nos fuimos suicidando hasta vivir muertos.
Lamenté los encuentros desafortunados, lamenté el amor que sólo te despierta y te hace sentir sublime para luego devolverte a tu antigua vida pero ahora con conciencia de que antes de él siempre habías estado muerto.
Pero esta soy, sin estar definidamente y un poco abstracta, tengo conciencia e infelicidad, tengo necesidad, esa sensación de que algo te falta, algo que no deseabas hasta conocerlo. Y Ahora vivir con esa insatisfacción en las células, es estar desarmado, con un componente menos en la sangre, totalmente desabrido. Una agonía, la muerte está en la vida, ¿cómo te explico?
Una vez que pasan ciertos acontecimientos, una vez que nuestra mente se aviva no hay nunca más regreso. No hay forma de despertar de un sueño y volver a dormir con la intención de regresar al mismo sueño. No hay manera, una vez que abrimos los ojos, lo que vimos, no se borra con cerrarlos. Y ese pequeño click, simbolismo de que ya no hay reversa, en mi vida se repite y cada vez estoy más lejos de lo que era y más diferente de lo que nunca podré volver a ser.
Asique cuando me preguntes ¿por qué? Por qué mis ojos ‘irrellenables’, por qué tan remota estando a tu lado, por qué la áspera calidad de mis abrazos, por qué el silencio y los suspiros lánguidos, por qué esa expresión inalterable que jamás podrá recuperarse de lo que le tocó ser espectador...
Cuando me preguntes, voy tomar la tarde de ayer, y todas las otras que significaron el abandono de una parte de mí, para justificar este monstruo que ahora ves en lugar de lo que alguna vez fui, que no es más que la reacción opuesta a la bestialidad y miseria con la que nos ataca la mismísima humanidad.

lunes, 10 de enero de 2011

C U NEXT TUESDAY

El taxi necesariamente tuvo que doblar esa esquina y darle derecho, y la noche necesariamente tuvo que acabar en ese agujero negro con luces de colores. Necesariamente debíamos estar ahí en un momento preciso, y estuvimos... ¡¡¿Pero por qué?!! ¡¡¿Cuál es esa bendita necesidad?!!


Muy probablemente sea el efecto desempleo, las horas libres que en vez de sesenta ahora guardan quinientos minutos, y los pensamientos que se reproducen incesantes a partir de un sexo violento entre ellos. Ahora se me ocurrió culpar a mi personalidad, a mis pocos años y a mis ganas vacías por hacer lo que no se debería moralmente.
Pero me aburrí un tanto de ‘autoapalearme’ y medida que pasa el tiempo entiendo menos a la gente y me entiendo menos a mi misma. Detesto a la gran mayoría, no la soporto, me molesta y confunde tener que compartir el mismo mundo y la misma época en la historia. Y eso es lo único que viró a trescientos sesenta en mi vida, antes la apatía era hacia mi misma, ahora también es hacia el resto, y nace en mí una pequeña indiferencia que en cuanto la perturban se vuelve ira.
Cuando uno se aburre y el tiempo corre como una cascada empieza a funcionar la parte derecha de nuestro cerebro, nos olvidamos de la lógica por un tiempo y le damos rienda suelta a las boludeces: el amor, los sueños, la creatividad y junto a ellos surgen oportunidades para experimentar todo tipo de sentimientos no secuenciales, que surgen imaginariamente y no porque en verdad existan. En otras palabras, creamos sentimientos en nuestro cerebro... ¿se entiende la incoherencia? en nuestro cerebro, cuando deberían directamente sentirse en el corazón o el alma. Inventamos, ese es el error y esa es la palabra. Ficción, que en mi ser netamente negativo siempre tiende a ser dramática y a desencadenar angustias e innovadoras ideas fatales o extremadamente trágicas.
Me enferma el tiempo vacío, la libertad, poder elegir y la falta de obligaciones y responsabilidades que me entretengan, me preocupen y me produzcan nervios y dolores mentales. Cuando los quehaceres desaparecen, es donde me activo y la originalidad prende la lamparita y empieza a maquinar sensacionales escenarios terroríficos salidos de alguna novela de Stephen King.
Entre todo este refuncionamiento mental, se me ocurrió ser idealista, y dicha elección me está matando. Cada día se un poco menos, entiendo un poco menos y espero, de la misma manera, un poco menos. Quisiera ser como aquellos que tanto discrimino, que aborrezco y me perturban la existencia, esos que tienen los horizontes tallados en su ventanas y para los cuales la altura es la que determinan las nubes, o aun más preocupante, el tejado de sus propias casas. Para ellos no hay futuro y no les preocupan porque tampoco lo esperan, porque saben acertadamente sin analizarlo que el mismo nunca llega. Para ellos que creen que la felicidad es un estado y no una condición del ser. Para ellos, que contemplo desde un tercer plano con una sensación mitad agradecida y otra mitad desconsolada.
Hay un esquema para todo calculo... Y mi vida debe estar incluida... Si no el rechazo a la misma no hubiera fallado..
¿No?

martes, 4 de enero de 2011

21 hs. Salgo a correr, cuatro vueltas (dos mil cuatrocientos metros en total), no doy más. Exigencia al máximo, y no hay caso: NO doy más. Freno, me acuesto sobre el pasto y me digo a mi misma con impotencia:

Se solicitan a la brevedad un par de pulmones nuevos...
y con más urgencia por favor, un atado de cigarrillos de veinte.

Desaparezco.

No volvió(volvieron) a llamar nunca. El año se fue desanimado por el portal del olvido y de la misma manera llegó otro, de imprevisto y sin ninguna invitación en sus manos. Sin bienvenida se fue acomodando en mi espacio, en el molde agrietado y mal formado que había dejado como huella el anterior. Y no llamo, y lo remplacé, y su reemplazo creo que llamo alguna vez, pero hice de cuenta que no. Ningún llamado se refería a mí, todos buscaban a otra persona farsante y sagaz que había utilizado mi nombre. Quizás hasta había utilizado también mis años y mis ganas porque ninguno de ellos me aludía tampoco a mí.
Miré para atrás, había llegado a un nuevo enero con las manos vacías y sin la fuerza necesaria para defenderme, en el caso de que más tarde se me ocurriera atacarme.
Los dos primeros días del año fueron espaciosos y me regalaron algunas horas de más, las necesarias para confeccionarme un error sublime, una excusa perfecta para reprocharme y anidar nuevamente remordimientos y venenosa culpa, de esa que si durara más de cuatro días te mata. Ahora me restan tres días de tortura hasta que llegue el veredicto, y entonces sabré si dios me perdona una vez más o me condeno yo misma. Y para no martirizarme tanto con ese asunto modifiqué mis sueños y les puse ese dejo fatalista que es componente exclusivo en mi sangre. En ellos pasaron cosas horribles, tanto que algunas fundieron la realidad y lograron pasarse a ella cobrando vida: mis miedos. Miedo a las muertes sobre todo, todas las muertes menos la mía, que en cambio esa me fascina.
Entre enfermedades, nuevas vidas, y la partida de lo único que amo (todas ellas probabilidades) colapsé, y lo único que verdaderamente sé hacer muy bien lo hice. Porque aunque quedaran aun muchas escapatorias, lo necesitaba, porque alargarlo no me proporcionaba el pago suficiente para aliviar mi impaciencia, mi preocupación y para conseguir el olvido.
Entonces desaparecí, llana y rotundamente. Me fui, a ningún lado por cierto, pero escapé de mi pasado, de mi rutina, de mis responsabilidades, obligaciones y me fui corriendo detrás de esa magia espontánea que guía mis actos y genera las únicas órdenes que se seguir al pie del pedido: mis antojos, mis ganas, mi desidia, mi cansancio. Soy débil cuando me paro frente a mí. Puedo decirle que no a quien sea y a lo que sea (incluyendo a la vida misma) pero cuando se trata de mí, la potencia de mi negativa aminora, y soy sumisa y vulnerable a mis caprichos.

Estoy demasiado preocupada como para seguir escribiendo. El jueves hablamos, espero traer noticias buenas, de lo contrario... no me imagino lo que me espera, porque de hecho no habría nada más para imaginar jamás. No depende de mí, ya actué, ya me equivoqué otra vez, ya estoy. Ahora está todo en las manos de Dios, Buda, el karma, la suerte o la biología. Pero en mí, ya no.

martes, 28 de diciembre de 2010

A Christmas gift.

Se relamió los labios pensando en sus besos, y comenzó a retorcerse entre el calor de las sábanas sabiendo que en ese mismo instante él la estaba pensando.  Revivió aquella noche en su cabeza, despacio, paso a paso reanimando la excitación frente el recuerdo de ese animal salvaje que la sometía con violencia serena. Era ese juego extremo alternando los polos de lo dulce y lo agresivo, entre la fuerza con que esas manos sujetaban sus caderas y la suavidad con la que las deslizaba hacia abajo. Y sus ojos, que jamás cerraba, que mantenía alerta para no perderse ningún detalle de esa cacería perfecta. La escuchaba suplicar y sólo sonreía y continuaba sosegadamente. La arrimaba hasta el límite repetidas veces, deleitándose con sus gritos de súplica y deteniéndose en un golpe abrupto... desquiciándola.

El celular vibró dentro del bolsillo delantero de sus jeans, arrancándola de la real fantasía que había tenido lugar dos noches atrás. Ni siquiera necesitó ver el mensaje para saber que era él y que la invitación a revolver el pasado estaba hecha. 
Sonrió sin proponérselo, al desnudo ante una sensación que atravesaba su armadura cutánea.
Recordó esos ojos orgullosos, seguros de haber encontrado lo que hace tiempo buscaban, que escrutaban su figura con calma absoluta desde sus delgados tobillos hasta cada rincón de su cuerpo, embelleciéndola al admirarla con tanta fascinación. Cuando la imagen de esos ojos volvía a su cabeza, las ganas de volver a verlo se echaban hacia atrás. Y su éxtasis se entumecía con una oleada de temor.
En tan sólo una semana estaría fuera del alcance de su vida para siempre. Tenían en sus manos una única noche, para conocerse y sólo así.. descartar la magia por ilusionismo, o arriesgarse a quedar aun más maravillada. Sufrir con el ‘quehubierasidosí’ o enfrentarse a buscar la posibilidad de que fuera uno más, con un feroz, eufórico y romántico disfraz.

El celular volvió a vibrar.. la insistencia le devolvió la excitación. Y cegada por el calor y el recuerdo que la invadía de nuevo, decidió arriesgarse. Una última vez, se permitió. Después de todo, era una magnífica oportunidad para volver a alimentar sus fantasías, devolverle la actividad de análisis a su cabeza,  y obsesionarse con esa sensación de querer algo que se nos vuelve imposible.
Él era imposible, y sin saberlo, ingenua, esa era la única razón que la entretenía y la mantenida asida a él.

Tomo el celular disponiéndose a confirmar el encuentro para la noche del miércoles.
Desplegó el teclado y presionó la tecla verde frente a la advertencia de los dos mensajes nuevos: el primero era de algún amor viejo, oxidado y hace tiempo olvidado; el segundo, con el mismo impacto de mala sorpresa, era de un intento inconcreto y fallido de amor inmaduro. No había rastros de él.
Entonces giró hacia un costado de su cuerpo, con la almohada ubicada entre el hueco de su mentón y sus pechos, y algo en sí le dijo que el miércoles ya estaba pactado implícitamente, y que ahora, frente a su indiferencia, las probabilidades de desmaravillarse se reducían a ninguna.
Y se durmió con una sonrisa, sabiendo que en ese mismo instante él continuaba pensándola.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Es cuestión de querer.

Soy feliz. En este instante, en esta situación con lo que conseguí, con lo que perdí y con lo que todavía me sigue faltando pero sigo buscando. Estoy feliz, sin saber siquiera si la felicidad es un estado, una sensación o un delirio de la psiquis. Soy feliz señora!! Que más da?!

Efectivamente rendí las materias en tiempo y forma, al límite y raspando, como me gusta, con una semana sombría que pasé bajo las frazadas sin querer asomarme, disfrazándome bajo la excusa de un resfrío, que le cedió paso libre a la angustia y las maneras trágicas en que sé expresarlas. Poniéndome a mí antes que a los demás, renunciando a todo si llegara a fallar. Soy extremista, y a pesar de que suelo decir, y suelen decir mis psicoanalistas también, que me odio, o que por lo menos no se quererme, yo siento por el contrario que me amo, que me amo como jamás voy a lograr a amar a nadie, que soy ferozmente egoísta, indiferente. Y que sin mi felicidad la vida es una basura y me quiero morir, me chupan un huevo todos los demás.

Pero sólo por momentos, sólo por un breve instante lo creo así, y al siguiente ya estoy desatestándome de mi formas y odiándome por el costado por el cual me mire, y las personas que amo son mi centro, mi futuro, mi todo. Y mi vida continúa en pie solo por ellos, o en el piso, pero arrastrándome por sus deseos. No soy nada y sólo quisiera hacer feliz a los demás y con eso estaría satisfecha.

Soy más de una persona, y lo sé claramente. Me encuentro en mil ideas, no obstante tire para una sola dirección.

Y hoy le toca salir a tomar sol a mi parte más egoísta, la que se ama, y es capaz de extraer beneficio a costa de lo que sea. Terminé el CBC mis buenos muchachos, y se lo dedico especialmente a las dulces personitas que uno se topa en la vida y la tiran para abajo constantemente. Entre ellos, la principal soy yo. Me lo dedico a mí y a mi angustia, a mis ganas desesperadas por sufrir, a mi depresión profunda y a la semana de terror que pasé hace unos días apenas. Entonces respiro, y me alegro, y disfruto porque mañana voy a reprocharme el haber puesto en juego mi vida por un par de materias. Y darle tanto espacio, tiempo y relevancia. Pero eso será mañana, hoy es hoy, y disfruto de estos veinte días que quedan antes de que me vaya.

Todo pasa por algo, no me canso de repetirlo, y si sucede es porque indudablemente conviene, y si no sucede, también. Entonces me viene como anillo al dedo el sufrimiento, mi semana pasada, los dos finales, los zapatos que me olvidé la otra noche en la casa de forro más renombrado, el pucho que me fumé a las once y su respectiva consecuencia, que casi me echen, que se vayan a días de año nuevo, que la otra noche me haya sido indiferente, que el gordo grasa me haya boludeado, que la peluquera no me haya atendido y que justo haya llegado el tren cuando prendí el segundo pucho esta mañana. Porque todo es causal, y por qué está más allá de lo que podemos entender.

Me voy a seguir castigando a los pulmones y a seguir sumando puntos para que me pongan de patitas a la calle a ver si saco algo. Soy feliz señoraaa! Y hay que festejar. Debe ser el primer post feliz de todo el blog. Tengo que estar MUY feliz para necesitar plasmarlo acá, asique que buenoooooo! Ojalá que dure más de quince minutos, jaja. Ahora así: vacaciones, sol, noche, y quiero que llegue enero YA y despejar todo este año, que fue el más cargado de mi vida y a comparación con los anteriores bastante satisfactorio. A terminarlo bien y a esforzarse por uno mejor.



Alcorta allá voy!!!

jueves, 16 de diciembre de 2010

I quit. I give up.

- ¿qué es esto al lado de todo lo que pasaste en tu corta vida?
Y cerró la puerta. Igualmente no se que hubiera contestado, quizás algún ademán falso con la cabeza, para que se vaya conforme sintiendo que yo pensaba lo mismo. Pero no. A fin de cuentas esto era igual que aquello. Era lo mismo que nunca se había ido, y que esperaba latente a que algo mínimo lograra tumbarme para salir y atacarme con más ganas. Me tiene, me lleva, me aletarga y no piensa soltarme. O soy yo, que me aferro porque ya no me soporto llorando en el bondi, en la facu y en la calle. Pidiendo explicaciones a alguien que no existe o que si existe por lo menos se rehúsa a escucharme. Parece que mi alma sabe que la primavera se esfuma y que tiene nuevas oportunidades para ser una gran puta. Cada abrazo que me dan es un herida nueva que no cicatrizará jamás. No se trata de fallarme a mi misma sino a todos los demás. Soy débil, frágil, cobarde y pretendo escaparme siempre que algo no va como yo quiero, es que maldita sea! no le veo el sentido a seguir sufriendo.. Me odio, de mil maneras y por donde me mire. Me odio porque todo lo arruino, estropeo cada cosa valiosa de mi vida. Mi amor es altamente destructivo y me detesto con ganas, locas ganas de asesinar el tiempo.
Desaparecería fue mi deseo al dar las once y once en una mañana de sol de un amarillo falso sobre el cielo desteñido. La vida es montón de hojas en blanco donde podemos explayarnos con libertad, pero yo no escribo ni pinto, yo dejo manchas, ensucio. ARRUINO. Por dios, dejenme darle mis días a alguien que sepa aprovecharlos, que los disfrute o que al menos no vaya contribuyendo a que la vida sea una basura perfecta como la conocemos. O que si hace de su vida una basura que al menos lo haga con ganas y gozándola. Yo me lastimo, lo sufro, me odio y me asesino. ¿Que clase de agonía es la vida? ¿Que sentido tiene tan larga tortura previa a morirnos?
Renuncio.
Me cansé de este juego estúpido.


martes, 14 de diciembre de 2010

Saludame, que me estoy yendo, que puede que ya no vuelvas a encontrarme por el barrio.

Queridos padres y madres, dulces inconscientes y eternos ingenuos, dictadores, sordos y muy poco elocuentes. La comunicación es lo primero, que sea escasa o que directamente no tenga lugar en sus respectivas familias se debe a la falta de tolerancia respecto a ideas diferentes. Cada ser en el mundo es distinto al otro, todos. Así como no existen mismas huellas digitales, no existen dos cabezas funcionando de la misma manera. Y no pueden, bajo ningún punto de vista, exigirme pensar como el resto.
Yo entiendo, todos nacemos ignorantes, y no hay ningún manual que nos enseñe absolutamente nada, ni siquiera a ser padres. Pero uno sabe, uno entiende cuando la situación se va de las manos, cuando ya su labor es ineficaz y sólo consigue agravar las cosas más.
Tenía tantas lágrimas comprimidas por angustias que ni yo sabía que sentía, que esta tarde se me hizo imposible estudiar. Dormir y mirar televisión son las dos maneras más fáciles de escaparle a la realidad. Habiendo dormido toda la mañana, mediodía y principio de la tarde, opté por la segunda. Me topé con una película de Kimberlee Peterson, (ni idea el nombre porque ya estaba bastante empezada) que me atrapó al instante al ver ese ambiente tétrico de hospital, con escenas sangrientas y expresiones desesperadas en los rostros de los actores. Al cabo de cinco minutos me vi obligada a subirle el volumen al televisor para evitar que se escuchara desde afuera el escándalo de mi llanto. Era mi pasado captado en una filme. Impactante.
Llegue a gritar, sin darme cuenta, a los padres del personaje que interpretaba Kimberlee en la película. Me recordó la impotencia, el odio a mí misma por odiarlos, por ver que son los seres que más amo los que más me dañan queriendo desesperadamente salvarme. Ira. Pero recapacité. Si yo estaría en su lugar creo que quizás tampoco sabría como actuar.
En la película la madre abandonaba a la chica pensando que ella era el problema, y el padre se propuso acompañarla... La vieja una basura, el padre un imbécil que actúa temporalmente.
En mi caso fue diferente, se optó por darle el mando a profesionales (ineptos) y dejarlo todo en manos de las pastillas mágicas. Ni una ni otra cosa, absurdo. Al mes todo era como si nada hubiese pasado, y entonces volvió a suceder... y a los quince días como si nada hubiera ocurrido nuevamente, y así se volvió costumbre, y entonces tentar contra mi vida se volvió un hobbie frecuente a la par de decir ‘¿che vamos a la plaza a tomar un helado? Ah dale! y después vamos para a casa a darnos una sobredosis de Clonazepam, buenísimo!’

Llamar la atención, en la película los doctores decían que eso era lo que hacía la pequeña mujercita. Llamar la atención...
Estar sola, desesperada, necesitando dar amor y no encontrando receptor, necesitando recibir y entender que las relaciones más fuertes se enfermaron de rutina, y un abrazo tiene lugar una vez cada trescientos sesenta y cinco días únicamente cuando cumplo años... ¿cómo se le llama a eso? ¿Llamar la atención? ¿Cómo te digo que la vida no me sirve si no hay amor? ¿que ser invisible da igual, que necesito lastimarme para hacerte recapacitar o por lo menos para recordarte que todavía sigo acá? ¿que necesito que me digas que me amas, que estas, que me acompañes, que me abandonaste, me traicionaste, me trajiste al mundo a sufrir y dejaste que lo enfrentara sola? ¿Que te importa entonces si decido irme y de la misma manera abandonarte a vos?
¿Cómo te explico que necesito vivir el amor, y que me es necesario llegar al límite para lograr tenerte a mi lado, preocupada, sufriendo por mí, demostrándome con tu dolor el amor como nunca antes? ¿cómo explicarte lo bien que me hizo hacerte sufrir tantas veces? El peor momento de mi vida fue cuando desnudé mis brazos y lloraste, los besaste, me abrazaste hasta el alma, ¿cómo explicarte que siendo el peor, fue lo mejor que me paso? Y el resto ya no lo recuerdo... las drogas no me dejaron presenciar el momento, pero juro que debió ser lo más hermoso, tu desesperación por mí.. las lagrimas, el llanto a los gritos, amándome... me amaban.
¿me aman ahora?
Cuando a uno le empieza a ir mal en la vida siempre quiere volver con la cabeza gacha a casa, y volví, porque la facultad es una basura y el cerebro se niega a colaborar, mis amigas de a poco me fueron cagando y tengo una colección de cuchillos en la espalda, tengo un problema respecto al amor y los hombres que ya prefiero ni tocar el tema, y para que se den una rápida idea ni siquiera mi perro me quiere, no me acepta, pasamos despiertas estudiando las últimas cuatro noches, yo obviamente poniendo mucho más empeño en enamorarla de mí que en lograr memorizar algún concepto de economía. Y sin embargo, no me quiere, se niega a aceptarme, ni hablar de extrañarme, a veces me confunde y soy un simple extraño. Me afectan mil cosas ínfimas que sería estúpido intentar explicarte. Entonces vuelvo a casa dolida, arrastrando los pies del cansancio, con un cartel en mi frente pidiendo con humillación una limosna de amor. Y nada, completamente vacía y agujereada.
Con los brazos abiertos intentando agazaparme a tu cintura y no volver a soltarte... y nada... abrazo nuevamente la nada. Quisiera que me amaran como muy bien se que ustedes saben amar. Pero simplemente uno no lo elige, los sentimientos son puros, surgen o no surgen y punto. La desesperación y esa necesidad por salvarme es vanamente un instinto, supervivencia, responsabilidad por sentir que tienen que mantenerme viva, acá.
Y otra vez caigo, buscando drogas, alcoholizándome y refugiándome en el sexo con quienes se que saben muy bien lastimarme. Lastimándome y lastimándolos a ustedes sin querer. Otra vez estoy en el inframundo, sin miedos, porque no hay absolutamente nada que perder. Y cuando lloro en el patio con ese cigarrillo que me prohibiste prender, pienso en vos y en vos, y para mi siempre van a ser mis culpables. Siempre van a ser ese amor no correspondido, siempre serán los asesinos de mi autoestima, de mis sueños, de absolutamente todo mi futuro. Son los mejores padres del mundo, los mejores sin alardear. Sin duda, tuvieron tres hijos excelentes, criados de maravilla. Pero yo difiero, y hablando en serio y dejando de lado el chiste de la ovejita negra, difiero en realidad, de la sociedad, de las personas, de lo normal. Lo que yo necesito es extremista, necesito una comprensión mucho más amplia, necesito una docena de orejas para que me escuchen, necesito una cantidad EXCESIVA de amor. Algo que la vida misma no podría darme. Entonces lo único que me permito necesitar es su autorización, que me dejen ir en paz, y siendo así todos dejáramos de sufrir.


Catorce de enero del dos mil diez.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Buh!

¿Viste cuando alguien te asusta de prepo? Esa sensación… ¿cómo describirla?
Como si de pronto y sin previo aviso te presionaran muy fuerte en el pecho, te acogotaran y en un instante se robaran todo el oxígeno del aire. Durante un segundo estallamos por dentro, es un golpe seco interno, nuestros sentidos se anulan y los nervios se alteran. Colapsamos.
Esa fugaz sensación del susto, esa mezcla de desesperación, terror y angustia, el sentir que de un segundo al otro se nos cae el universo, esa es la que yo llevo de forma PERMANENTE dentro de mi pecho. Es un susto continuo, es como si la vida me hubiera espantado con su realidad y jamás se me hubiese borrado esa expresión de exaspero.
Un dolor insoportable, que duerme dentro mío de forma CONSTANTE.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Quizás cuando más te aleje, sea cuando más te esté necesitando.

Otra noche más, que pronostico, voy a dormir con los ojos húmedos y los brazos enrozcados a la fría e inerte soledad con forma de almohada. Me duele más de una cosa, y creo que la única que emana dolor soy yo, y sin embargo hay dolor en todo espacio y tiempo en donde me proyecto. Me duelen las siete y media de la mañana cuando el despertador me arrastra a la realidad, me duele la gente atestada en el San Martín y la prisa que los acosa, mientras suena de fondo ‘¿Cuál es?’ en la radio, anunciando que ya son las nueve de la mañana y estoy llegando tarde. Me duelen los puchos que reemplazan mi almuerzo y el café amargo de las cinco de la tarde, me duelen las noches desveladas de estudio... me duelen la falta de respuestas y los abandonos repentinos, me duele a mil kilómetros de distancia y que seamos tan fácilmente reemplazables, me duele ese libro podrido que leí hace unas semanas, fundamento de lo tóxica que resulta la sociedad y de como destestándola y sufriéndola llego a sentirme cómoda estando insertada en ella. Me duele la vida, la falta de motivos y el extenso listado que justifica que es mucho más inteligente rechazarla y hacer de la muerte un momento abrupto y final y no una diaria agonía.
Esta noche soy puro dolor, bajo una ducha de agua fría con ganas de amar. Todo lo que sale de mí no vuelve, siento que me vacío momento a momento con cada palabra o cada beso, soy la angustia expresa de mil maneras y cada rasgo es un pedido de auxilio oculto tras una resignación aparentemente segura.
Me siento tan vulnerable y a la vez impenetrable.
Sesenta cigarrillos en una noche, decime si hay otra explicación que no sea un suicidio paulatino, que no sean ganas implícitas por desaparecer y consumirme con el pretexto de ‘no quererlo’. Es esa necesidad por volver física la muerte de mi esencia, y hacer concreto ese manojo de emociones poco felices.
Esta noche más de una ausencia acompaña a mi soledad.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Llenando la falta de amor

Se retorció en su asiento, con las cejas inmóviles, la vista fija y los labios plegados con presión a modo de puchero. Una expresión infantil, dulce a simple vista, pero aborrecible si reparabas en la incoherencia de sus incipientes canas, sus manos robustas y desgastadas y en el frunce de una frente que lleva millares de ofensas, sorpresas y engaños.
Durante la primera hora, me preocupé por revertir esa expresión, ignorando que mis palabras eran los más inocentes sables, que perforaban su sien anulando el funcionamiento de su razón, (si es que en algún momento pensó en darle uso). No respondía, la mirada estaba absorta en algún sector del camino que aunque inconstante el punto, parecía ser siempre el mismo. Aunque se esmeraba por no parecerlo, me escuchaba. Su cerebro extraía lo más superficial de mis palabras, y las quitaba de contexto para usarlas de apoyo, de defensa o a modo de revancha. Era una conversación, de esas que entablamos a los cuatro o cinco años, cuando nuestro raciocinio todavía no nos permite discernir que lo del compañerito no es de uso público y cuando no nos dejan tomarlo, es correcto aceptarlo. Entonces, vista baja, berrinche, y ni dios puede contradecirnos.
Me titulé como caprichosa, y ante los primeros indicios, recuerdo cómo él no había dejado pasar ocasión para avalar mi calificativo. Si lo mío era capricho, ¿cómo definir su necesidad exasperada, infundada, hormonal y puramente vana? Pero había una gran diferencia entre el capricho de un caprichoso (valga la redundancia) dónde sólo se persigue un fin, sin importar los motivos, y no se detiene hasta conseguirlo; y el capricho de aquel otro, donde la insistencia era la misma, pero en su actitud sobresalía ese rasgo desahuciado, de un nato perdedor de la vida, que lleva en un noventa por ciento más fracasos que triunfos en sus hombros. Sabía, dentro de su berrinche, que jamás me conseguiría. Y sin embargo no podía evitar lo síntomas: el enojo. Cervezas, cigarrillos y su mirada penetrando en el vacío… el mío. Yo a mi manera intentando llenarlo, y el no teniendo legalmente más espacio. Se hizo tarde, sentí esa asfixia en su pecho por ver que le quedaba poco tiempo. Sí podría haber decidido enamorarme lo hubiese hecho, se hubiese cobrado mi angustia en toneladas por una noche. Pero me encontró desnuda, con la piel tersa, la sangre helada y la carne de piedra. Me descubrió como un ser al que sólo le restaba un débil suspiro de derrota para el fin, y ya había comenzado a exhalarlo.
No hubo manera de despertar en mí ningún tipo de interés, ni físico, ni ciego sexual. Y murió conmigo, su capricho, uno de tantos. La costumbre lo hizo recorrer el mismo camino, y aunque en un principio en el intento por frenarlo, exprimí mi paciencia al máximo, el se dejaba caer en la butaca cada vez más abajo, y manejaba ignorando la precisión de mis palabras, la razón, la causa y tejiendo excusas y situaciones para reprocharme. Todo su ser testificaba esos veinte años que su mente le restaba. Parecía de quince, y quizás su proceso mental le había tomado un poco más del doble de lo normal. No tenía de donde agarrarse, yo tenía todas las cartas y antes de jugar sólo le estaba advirtiendo. Mis fundamentos eran fehacientes, pero no reales, no era así como pensaba y sentía, nada de ese discurso de buena persona que se refería a mi era cierto. No me importaba en lo absoluto aquella causa que sostuve como imposibilidad para darle el gusto. Simplemente lo odiaba, como a todos los demás, pero él no lastimaba. Era un estúpido disfrazado de pirata.
Mucho dista de afectarme moralmente equivocarme, incluso amo el error y lo necesito para el progreso, y repetirlo sucesivamente cuando la idea es echar ancla en algún momento. Y en cuanto a lastimar… ¿cómo explicarte el dolor que provoqué a las personas que más amo en mis vidas? en todas ellas, ¿cómo explicarte que mi egoísmo es tan profundo que volvería a lastimarlos una y otra vez, si así lo deseara, si fuera necesario para mi fugaz contento? La ética, la moral, y las complicaciones con el sueño, me acosan a diario. Si esa hubiera sido la traba, creo que siquiera la hubiese mencionado. La culpa es un factor más en mi piel, es la cantidad de gramos que pesa mi alma. Simplemente no había nada nocivo en vos que me tentara… esa es la respuesta.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Otra vez..

No puedo más. Cuantas veces lo dije, y así y todo seguí. ¿Que conseguí? Terminar de esta manera, arrepintiéndome de no haberlo hecho la primera vez y para siempre.
Me duele tanto.. te juro que a veces ya no se en que época estamos. Los años fueron pasando, y sin embargo todavía me siento de quince, con ganas de escaparme de casa y que a alguien le importe. Ahora estoy sola, ahora el dolor es mío y nadie se va a hacer cargo de mis atentados. Los desastres hacen a la soledad. Yo me aíslo, ¿quién podría compartir y ser parte del infierno en el que vivo?
Lo único positivo de haber vuelto tan abajo, es que una vez más mi vida se desvanece, y no me quedan más cartas que perder. No tengo ni soy nada, y ese nada es todo lo que hoy sin temor arriesgo. Lo voy a lamentar en un tiempo, cuando me reproche por dejar que el dolor me venza y destruir mi futuro despacio y premeditadamente. Dejar pasar la vida... es más que un error, es el mayor de los esfuerzos, es tener el valor y la fuerza suficientes para sobrevivir. Dejarla pasar, con lo abrumadora, asfixiante y tortuosa que se vuelve con el paso de los años. Quisiera quitármela de encima, arrancarme la piel del cuerpo si con eso pudiera desprender el dolor que vive penetrándome hasta el alma.
Duele mucho más estar vacía, entender que ya no es lo mismo y no hay reversa y aun así que ya no duela. Duele más no sentir. Duele la falta de dolor, ¿cómo explicarte? ¿Como explicarte que en sólo una hora conseguí asesinar estos últimos ocho meses y revivir los tres años previos? A quién gritarle y socorrerle para que me aleje de mi, para que me controle y me aísle de mi mente que en su ingenio sólo sabe buscar una forma fatal de hacer desaparecer mi angustia. Y si el precio es desaparecerme a mi también, lo paga. Lo pago, lo pagaríamos todos.
Sólo se que si por tan sólo un instante podrías vestirte con mi piel y empaparte con mi angustia, entonces me darías el apoyo para renunciar a mí misma. ¿Para qué empeñarme en resistir toda la vida, cuando tengo el final y el alivio tan disponibles a mi alcance?
Mis promesas de papel y los errores son eternos, una vez que se les da lugar, no dejan escapar oportunidad para presentarse de nuevo.
¡Y mi dios, que dejaste de creer en mí, antes que yo en vos, pensar que estuve tan cerca de volver a vivir!

lunes, 29 de noviembre de 2010

No cejarás.

Necesito testigos, o atestiguar. Me fui al carajo, él me llama de nuevo, me volví una basura. Daría cualquier cosa para cambiarlo, para retroceder a la segunda semana de octubre, y sin embargo para este jueves no pienso estudiar. El sexo es todo y ni siquiera me alcanza. Quiero desenchufarme, estoy enfermándome de nuevo y necestaría, sería óptimo si me ayudaras, me dieras una mano. El enero pasado ¿te acordás? no, cierto que no me conocías, pero este puede volver a ser igual. Me reprimo a medias y me equivoco de igual manera. Tengo que confesarte, nunca voy a cansar de lastimarme. Manaña voy sentirme más viva que nunca. ¿Reparaste en la idea de que mañana no llega? Entonces quizas siga muriendo por siempre. No todo es tan trágico, las palabras no tienen la misma resonancia cuando la soplan mis labios. Esta soy yo, no la que entrecierra los ojos y se acomoda el pelo con la mano derecho hacia atras... despeninadose con los dedos abiertos. Duermo con cada uno, pero cuando estoy sola están todos conmigo al mismo tiempo, mientras a su vez están con otras mujeres y hombres, entonces somos muchos más ¿te diste cuenta? No entendés. Me entendés cuando  te digo que no puedo más, cuando lloraba con Inocencia de Avril.. en la estación Devoto... ¿el tren San Martin? ¿Una noche a las nueve pasadas? ¿Y aquella otra mañana? también eran las nueve pasadas... LLegué cuarenta minutos tarde a trabajar, nadie se dio cuenta. De alguna manera no siempre estoy donde parece. Mamá y papá los amo, pero ahora se van y me dejan el espacio libre, el tiempo suficiente para recuperar la vida. Los amo desde lejos, los extraño igual. Soy feliz muriéndome, y de alguna manera siendo feliz en vísperas de la muerte me siento más viva que nunca. La eternidad te aletarga, te suspende, te anula las ganas. Vivimos mitad muertos mitad vivos. Cuando morimos pasa lo mismo. Yo creo que estoy un paso al costado del proceso normal, natural, corriente. O por ahí estamos todos sumergidos en las mismas aguas, y nos convencemos de que pertenecen a mares distintos. ¡Queeee ssse yo! Para mi todos los demás son de porquería y yo soy la única esperanza del mundo del mañana. ¡Basura! soy más hija de puta que el propio sistema. Pero bueno, así como también lo soy, lo haría mejor. Un granito. En ese mar de mugre, un granito de la base, de la superficie... eso es lo que soy, lo que sostiene al mundo contaminado. Somos importantes. Si lo intentábamos en serio, quizás no lo hubiésemos logrado tan... ¿irreversible? Ayer hice una lista e incluí a varios, quizás lo lean y de inmediato sepan que están adentro, o mejor dicho que lo van a estar, ja. Los caprichos míos no son leyendas. Ganas, es lo único, estoy vacía. Volví con los que me lastiman, quizás ya dejaron de lastimarme y pretenden volver.. siempre voy a tener la puerta abierta para ustedes! los extrañaba hasta debo admitir, y después me jacto de mi inteligencia. Así se explican las desiciones con consciencia que me arriman al dolor, a recuperar la sensación continua de inhalar, exhalar... algo así era, a veces me olvido de esa parte. ¿Sabes que? Mi perra no me ama, es más a veces le toma más de treinta segundos reconocerme y cesar el ladrido, no exagera, somos extraños. Podría amarla, eso es lo más triste ¡y cómo lo haría! Podría amar a cualquiera que promotiera lastimarme por siempre y no dejarme jamás. Los que lastiman y vuelan, con la misma rapidez se me vuelan a mi de la cabeza. Quedate, torturame, te amo. Simple, gano vida, ¿no lo ves? Y porque las experiencias retorcidas me enseñaron de muy malas fuentes que de eso se trataba el camino a la muerte. Yo le tome cariño. Despues de todo nadie puede contradecirme, todo es muy subjetivo. Chau moral, te traicioné, te fui infiel, me cague en vos basicamente. Me gusta más que pasarme horas enteras tragándome tus boludeces. Soy desobediente, soy un DESASTRE (lo que lo provoca y las consecuencias que genera), no pienso hacerle caso a una convicción propia, hago todo mal... ¿por qué entonces tendría que pensar bien? Mmm.. no, esa ya no me la creo.  Bien o mal: MUY MAL. Mi vida podría ser diferente ¿sabes? ¿por qué no quiero? Cigarrillos, café y vacío por un lado, sexo, alcohol y remordimiento por el otro. Tanto hedor a muerte. Qué lástima, y pensar que era toda una belleza de chiquita... parecía un playmobil. De tantos destinos que le esperaban, no me hubiera imaginado jamás, que hubiera preferido no escoger ninguno.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Un perfume por otro

Luz gris en la habitación. Todavía no había llegado a abrir los ojos cuando la vi. De regreso a la conciencia el dolor de cabeza fue inmediato, puntadas intermitentes en mi sien, el estómago reclamaba también. Me levanté, sería domingo, me faltaba esa presión habitual con la que amanezco cada mañana sabiendo que siempre se me hace tarde para presentarme en algún lado. Me incorporé despacio, abrí los ojos y dejé que mis pupilas se contrajeran lo suficiente como para protegerme de los delgados hilos de luz sucia que se filtraban por el entramado de la persiana. Busqué en el suelo, ahí estaban mis zapatos negros, uno de ellos a punto de perder su taco y un vestido a lunares sobrio. Sobre la mesita de luz collares, pendientes, notas, cigarrillos, y pastillas anticonceptivas. ¡genial! Había olvidado tomarla la noche anterior. Rápidamente me obligué con violencia a rebobinar mi memoria. Definitivamente había pasado la noche con alguien, el peso en mi pecho y esa sensación de remordimiento esparcida bajo cada célula de mi cuerpo lo confirmaban. Y sin embargo, los registros de mi noche anterior morían en el bar de mi ex facultad. Cerveza, cigarrillos y un Dj provocándome con la mirada. Había algo más. Luché por erguir mi espalda contracturada, me dolía el cuerpo, el cansancio de mis músculos me superaba. De pronto un sabor agrio se trepó por mi tráquea generándome arcadas, corrí al cuarto de baño y los vomité: los azulejos, el espejo y a la chica que con desprecio me miraba del otro lado. La ignoré, su rostro me recordaba a alguien del pasado, seguramente la conocía hace tiempo y habíamos tenido la oportunidad de ser mejores amigas en su época. Pero me resultaba un rostro extraño, y por su expresión entre repulsiva y complaciente supe que ahora estábamos lejos de aquel amistoso pasado. Me desplomé al instante sobre las cerámicas heladas, estiré los brazos hacia los costados y boca abajo bese el suelo, cerré con fuerza los ojos, como si de alguna manera esto ayudara a recordar, y volví a hostigarme con preguntas sobre la noche anterior... nadie en mi se dignaba a responder. Mi memoria estaba avergonzada y su labor reprimiendo y manteniendo los recuerdos en lo clandestino era excelente. La deje, debía tener sus razones para olvidar, mi vida era terrible, y ya demasiado era vivirla una vez como para recordarla y revivirla una vez más.

Lloré. Mi cuerpo no valía nada, y mi alma, si es que algo de eso hubiera adentro, valía mucho menos. Escapaba a los recuerdos queriendo memorizar, llovían imágenes, palabras, sabores.. Me odié.
Yo nunca fui la víctima. Soy de todas mis noches el factor más peligroso. ¡¿Que peligrosa la calle, los borrachos, los pungas y los negros violadores!!?. Peligrosas son mis manos, mi cabeza y lo que en conjunto provocan, roban, destruyen, lastiman, regalan y asesinan.

Anoche había sido todas las noches de mi vida. Mitad olvido, mitad querer olvidar por siempre. Y si fuera x, p, o z... hubiera sido con gusto y sin ningún tipo de discriminación mi objeto de acecho. Soy un desastre, un manojo de angustias, aspiraciones y hormonas. Soy un desastre, soy un desastre en el suelo, con vomito en los dedos de los pies y con una terrible jaqueca que por momentos pareciera fatal.

Me desperté de mediodía ya, a juzgar por la posición central del sol . Después de una ducha helada y un café cargado con tostadas de domingo había pasado a ser un martes fresco, aunque el calendario me mentía diciendo que era sábado. En televisión, los canales de aire habían suspendido las novelas de la tarde poniendo en su lugar deprimentes películas nacionales, sólo para seguirle la corriente a la mala broma del almanaque. La vida es un inmenso complot de factores que buscan destruirte. A cada uno de nosotros, la vida siempre está intentando matarnos.

¡Anoche, anoche...! no se borraba de mi cabeza y ni siquiera podía recordarla. Tenía el sabor a alguien más en los labios, así que busqué el celular, evité los mensajes no leídos y me dispuse a escribir y mandar. Al rato las respuestas comenzaron a vibrar. No leí ninguno y lo apagué. Sabía que estaban, que los tenía, que si gritaba por sexo responderían sedientos de mi sed. Otra vez ese sabor ajeno saltando ahora de los labios a mi lengua. Varios sabores tal vez... ¿Cuántos? Me encontré con mi antebrazo y sus marcas, alguien había vuelto a preguntar por ellas. Hace tiempo que había dejado de ocultarlas, ellas eran el recuerdo vivaz de mi sufrimiento interno, la expresión de la locura que me fermenta por dentro. Y ahora esa locura la disparaba hacia el resto y no sobre mi. Dolía más. Era el acto perfecto: yo necesitaba sufrir y ellos... bueno estaban dispuestos a proporcionármelo. Pero la posición de víctima no era suficiente para lograr enemistarme conmigo. Y de pronto, casi sin darme cuenta, estaba con mis actos desquiciados y vanos, lastimando a terceros. Todos necesitaban sufrir, sólo que ellos no lo sabían. Y sólo que cada uno es el único que puede ser autor de su propio dolor, directa o indirectamente.
Seis de la tarde. El agua caía desmigajada sobre mi piel magullada. Era el tercer baño. La suciedad no se quitaba.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Comienzo a pensar que el cincuenta por ciento está hecho sólo con quererlo…  y el otro cincuenta se completa esperando que suceda.  

martes, 23 de noviembre de 2010

Necesitar, sufrir... vivir en silencio.

Anoche, en una reunión con amigos, en donde nadie me conocía más allá del nombre y de la edad. Me topé con una incipiente mujer, que llevaba casi sin descuido las mismas marcas que yo en su antebrazo, pero en sentido horizontal. Me preguntó por qué, evadí la pregunta y le expliqué que la manera de suicidarse era un corte vertical, me dijo que siquiera pensó en suicidarse al momento de hacerlo.. La comprendí, como quizás nadie, pude sentir ese dolor, esa tenacidad con la que la vida había presionado su alma, y su mente no estaba a la altura de entender de donde proviene tanta angustia y cómo desaparecerla. Entendí mucho más que ella, pude leer sus cicatrices, escritas por su caligrafía, la cual parecía no poder descifrar ni ella misma.
Insistió en la pregunta inicial y me hostigó con el ‘por qué’ que desencadenaba la respuesta más oscura de mi vida. Sonreí, y solté un par de carcajadas exageradamente sonoras y ridículas, y no supe más que disfrazarme de ella, y contestar ingenuamente que no sabía por qué, que simplemente me había ‘pintado’ hacerlo. El público en la habitación asintió, aprobando mi respuesta, como si todos se sentirían de la misma manera. ¿Qué importaba por qué? En definitivamente nos habíamos sentido realmente mal, y cada uno había buscado la mejor manera de expresar, o como suelo decir yo, calmar esa necesidad por drenar la angustia.
Me sentí avergonzada, tal respuesta significaba una terrible ofensa para el pasado que llevaba en brazos. Pero nadie en esa habitación tenía siquiera un cuarto de la apertura de cabeza que se necesita para al menos llegar a considerar la locura y los enredos de mi psiquis, y ninguno tenía los ojos preparados como para adoptar como realidades, nuevas versiones de vida.
El ambiente de marihuana, la nicotina, los labios salados y una necesidad urgente de sexo. Ese era mi panorama, los cortes en mis muñecas habían cesado, y sin embargo por ese ínfimo detalle yo creí haberme curado... es verdad, ya no dejaba correr más sangre por mis brazos, refugiándome en la excitación de ver como de a poco volvía literal esa sensación constante de sentir que día a día me iba vaciando... Y porque me amigue con los alimentos, y me enemiste con los filos cromados, todos a mi alrededor, incluyéndome, recuperamos el sueño.
A poco más de un año, todos mis demonios se personificaron en elementos cotidianos de mi vida. Y los dejé entrar, desconociendo que eran los mismo elementos de tortura pasados, que ahora regresaban disfrazadazos de placeres. ‘Soy capaz de convertir un beso en una puñalada’, supe confesar acertadamente alguna vez.

Y digamos que había olvidado todo esto, pero ayer me llevó un trayecto de siete cuadras recordarlo, invocarme hace un tiempo y ver que nunca logré ser muy distinta a lo que fui.

Como si yéndome escaparía de lo que me abrumaba, o cómo si afuera encontrara nuevas y mejores maneras de lastimarme, huí. Me seguiste, me encontraste con un cigarrillo y las piernas débiles, flaqueando del sueño. Sabías que había un solo objetivo para anoche, quise ocultarlo, pero esa sed de dolor estaba explícita en mis retinas. Y me suplicaste que pensara, que estaba a tiempo. Quisiste figurar mi vida con palabras, para lograr que de alguna manera reaccionara ante el horror de lo que me provocaba (siempre voy a estar quince pasos adelante...), cuando terminó el vano monólogo, te confesé lo sola que me sentía... cuando en realidad lo que muy mal estaba intentando decirte era que había elegido abandonarlos una vez más, para fugarme con mi desdicha, a vivir en libertad esa relación obsesiva conmigo, con el fatalismo y los límites.
Realmente estaría muy desequilibrada si confesara que mi vida pende de un número tres ¿no? Realmente estaría muy vacía si te diría que es lo único que puede llenarme, muy poco valdría mi vida, si con tres unidades alcanzara a devolverle su valor.
Realmente de nada habría servido tanta lucha si diría que de vez en cuando ( y ahora es de vez en cuando) extraño el enero pasado, y quisiera, realmente quisiera de corazón, haber tenido éxito en mi intento.

Hay tanto que hubiera contestado a raíz de ese ‘por qué’. La mayoría del tiempo lo dejo de lado, y la memoria es fallida para con el dolor. Pero de vez en cuando, poso mi mano en mi antebrazo, y despacio acaricio con la yema de mis dedos su textura, reviviendo un torbellino de recuerdos que me transportan al más sombrío pasado, que pareciera estar más vivo que mi propio presente.
Perdón si me amas. Porque inevitablemente voy a volver a sufrir.
¿Cómo explicarte en este instante, cómo se siente la presión del dolor acumulado durante tantos años? Una vez más, la vida me amenaza y mi fuerza suplica por un descanso.

domingo, 14 de noviembre de 2010

La previa de la final.

Resulta que economía me tiene harta, que me levanté seis horas más tarde de lo acordado, que me tienta romper las promesas, que en una semana quiero ser feliz y es algo muy factible. Resulta que quiero salir, bailar, enamorarme, viajar en tren y encontrarte. Me tomé un café y me cambió la vida, la percepción, concentración y me abrió el apetito para desayunarme las cuatrocientas páginas del libro. Anoche el peor sábado de mi vida, también el más sano, hoy el primer domingo que no amanezco arrepintiéndome por nada... se siente bien dormir liviana. La cabeza despejada, y con una fe inmensa que moviendo montañas me va a hacer aprobar lo improbable. Y de la misma manera el próximo domingo cuando me detenga a releer estos párrafos no voy a entender de lo que hablaba, de la cantidad de miedos infundados, de la preocupación que aunque muy poca, bastante molesta. Desconociéndome sin darme cuenta. Entusiasmada, ilusionada de realidades. ¿Me faltaba querer no? Bueno, ahora quiero. Sólo resta mantenerme constante el tiempo que quede. Me espera algo, este es el principio de un bellísimo cambio.

jueves, 11 de noviembre de 2010

I just want to feel something.



http://weheartit.com/Florcii

sábado, 6 de noviembre de 2010

La respuesta NO, no me aparece como opción.

Quizás no hayan sido necesarios tantos errores para aprender a hacerlo bien. Porque ni siquiera siendo tantos pude extraer algo útil de tan malas experiencias.
Pero tengo que confesarte que soy adicta a los errores, a las equivocaciones, a esa sensación de culpa y arrepentimiento, a ese peso que se exceda a lo máximo que puedan soportar este par de hombros frágiles, a la sobrecarga de conciencia...
Sufrir se me volvió una adicción desde hace años, necesito que duela para sentirlo, necesito angustia para potenciar todas las sensaciones. Soy una masoquista con todas las letras, y aunque me convenza de haber cambiado, de necesitar algo diferente, tengo miedo de encontrar un par de ojos que me encuentren.
El miedo en realidad es hacia mi misma, de no sentir lo que pienso, de no querer lo que digo, de no buscar lo que necesito, de creer mis mentiras. Me detesto, porque es necesario que me digas que algo es dañino para que esté dispuesta a consumirlo. Y si vos me prometieras una apuñalada yo estaría dispuesta a entregarte mi espalda.
Lo necesito, odio las mentiras, y sin embargo son las únicas que logran hacerme sentir viva. Te atraigo, soy como una imán que detecta lo que promete afectarme. Todas mis relaciones son iguales, sea de familia, de pareja o de amistad, siempre consigo situarme en el papel de la víctima. Me gusta sufrir, me atraen los problemas, me encanta que me mientan... no le veo otra explicación al tema.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

¿Crisis?

Y probablemente esta sea nuestra última conversación, y yo en vez de aprovecharla esté actuando como espléndida histérica que soy, porque después de tanto tiempo sólo quisiera echarte en cara todo mi sufrimiento de golpe, quisiera hacerte entender en vano con estúpidas y alborotadas palabras lo que provocas siendo tan poco, la inteligencia que te falta y la astucia elevada de conseguir lo que quieras.

Y quizás tendría que haberte olvidado hace tiempo, como creí haberlo hecho, pero un puto día de pronto se te ocurre reaparecer, hacer esa milagrosa aparición fantasmal, y completar el único episodio que le faltaba a mi vida para volverla una excelente película de terror.
Pero no, a pesar de que balbuceo, insisto y exprimo mi sufrimiento, te dedicas a repetir hasta el cansancio que soy histérica, terca y rencorosa. Y la mejor respuesta que me podes dar es tu silencio, al que arruinas con muecas ridículas y un intento humillante y orgulloso por recuperarme sabiendo que estoy regalada. Y te odio, te odio con la suma de todos los odios anteriores, multiplicado por millares, porque sos el más atractivo, el más culto, el más lejano, el más pelotudo y el más hijo de puta de todo mi historial. Sos ideal para hacerme sufrir, sos ideal para confeccionarme una vida de mierda y asegurarme una cornamenta de dos metros de alto. Sos una basura, mentiroso, exagerado y forro.
Y yo soy más idiota, por tener que recurrir a puteadas para tirarte abajo, porque no encuentro palabras que describan tu maldad tan exquisita.

¿Con qué necesidad? Ni siquiera te pido que me mientas, no te pido que me leas ningún cuento antes de que vayamos a dormir, no hay pretextos, no hay motivos, no te exijo absolutamente nada, pero a vos te encanta asegurarme muerta en tus manos, mecerme, tirarme y levantarme a tu antojo. Y yo a su vez encuadro perfecta.
¿Con qué necesidad? Si debes tener docenas a tu disposición, si yo estoy a kilómetros de vos, si tengo 18 y un futuro aparentemente extenso, y sin embargo no te importa destruirlo, jamás se te va a ocurrir algún día asomarte un poquito más allá de tu frente para saber lo que le pasa o quiere el otro.

Y sos vos, sos todos, sos mi ruina, sos… quien sabe?, hasta incluso yo en algún no muy lejano pasado.
Pero hoy no sos nadie, sos el fundamento que explica la ausencia de mi confianza, sos un trauma más entre tantos, un motivo nuevo por el cual temerle al amor y mantenerme más distante, sos una gota más en un vaso vacío, en un alma consumida.
Y sólo me resta darte las gracias, gracias por facilitarme la tarea de lastimarme.