"Los hechos y/o personajes del siguiente Blog son ficticios, cualquier similitud con mi vida personal es pura coincidencia."
miércoles, 12 de enero de 2011
No retornable
Lo lamenté muchísimo.
Verme reflejada en escaparates y charcos sucios de calles anónimas, salpicadas de angustia infinita, esa que nace en tu pecho para quedarse, que por más que la vida y sus momentos fugaz y falsamente felices intenten revertirla, jamás lograrán extinguirla por completo. Son esas manchas indelebles que impregnan tu alma y te convierten a menudo en un ser diferente al que eras.
Quisiera tener un video grabado de la tarde de ayer, o una historia redactada de forma impecable detallando cada lágrima que no pudo salir. Y sin embargo jamás llegarías a comprender esa soledad reprimida, ausente y necesaria, que robándome la vida no se decidió a matarme por completo. Iba errante, entre un laberinto de edificios y casas desalojadas, porque en mi realidad paralela el mundo está deshabitado, y no hay nadie que oiga, que se detenga, o que distinga el tenue brillo invisible de un alma que tomo un cuerpo que no le pertenecerá jamás.
Así me sentí, como una usurpadora, una farsante que había tomado una vida que no le correspondía y ni siquiera sabía cómo usarla. Sigo convencida de que el mero hecho de respirar no es condición suficiente para determinar si un ser sigue con vida. Podría dar prueba empírica y fehaciente.
Entonces tomar la hora y cuarto de ayer, sentada en el pórtico de un hombre sin nombre, sin oficio, sin futuro, errante como yo, amante de una pasión y preso de dos vicios, y regalarte la espera, y los peldaños que nunca bajó, la demora que terminó en ausencia, desconsuelo y la soledad más concreta que creo ese ser que ahora toma este cuerpo.
El desenlace o la reacción siempre fue la misma, nicotina para esa asfixia indispensable y las calles interminables que llevan todas a los mismos sitios: oscuros cielos negros, ojos hambrientos y alguien siempre dispuesto a calmar tu dolor con uno nuevo.
Lamenté los años vividos, lamenté ese dolor que me devoraba por dentro y dejaba una miseria, un ser corroído y lleno de ira, indiferente y frívolo. Lamente ese monstruo que todo mi pasado había forjado y que mi futuro prometía incentivar. Sin inocencia y con amplia libertad, asesinándome y dejando un límite bien marcado que nadie más pudiera atravesar. Hay un muro inmenso entre mi vida y la humanidad.
Y en momentos como ayer, quedan escondidas las causas y explicaciones, cuando ya no tengo nada más para dar, cuando notan que mi sangre es de hiel, y ya no puedo sentir nada… Miedo, ese es mi pasado y ya no lo tengo. Tengo cicatrices por todo el cuerpo, por más que no las veas, están por dentro. Ya no tengo ganas, ni deseos por irme o volver, o dejarme por siempre, ya no tegno siquiera la sensación de que me falte todo.
Ya no puedo volver a sentir. La realidad es sádica, y yo aun más que ella. Es un noventa y ocho por ciento que aborrezco y el restante dos, somos unos pocos desilusionados de la vida que de a poco nos fuimos suicidando hasta vivir muertos.
Lamenté los encuentros desafortunados, lamenté el amor que sólo te despierta y te hace sentir sublime para luego devolverte a tu antigua vida pero ahora con conciencia de que antes de él siempre habías estado muerto.
Pero esta soy, sin estar definidamente y un poco abstracta, tengo conciencia e infelicidad, tengo necesidad, esa sensación de que algo te falta, algo que no deseabas hasta conocerlo. Y Ahora vivir con esa insatisfacción en las células, es estar desarmado, con un componente menos en la sangre, totalmente desabrido. Una agonía, la muerte está en la vida, ¿cómo te explico?
Una vez que pasan ciertos acontecimientos, una vez que nuestra mente se aviva no hay nunca más regreso. No hay forma de despertar de un sueño y volver a dormir con la intención de regresar al mismo sueño. No hay manera, una vez que abrimos los ojos, lo que vimos, no se borra con cerrarlos. Y ese pequeño click, simbolismo de que ya no hay reversa, en mi vida se repite y cada vez estoy más lejos de lo que era y más diferente de lo que nunca podré volver a ser.
Asique cuando me preguntes ¿por qué? Por qué mis ojos ‘irrellenables’, por qué tan remota estando a tu lado, por qué la áspera calidad de mis abrazos, por qué el silencio y los suspiros lánguidos, por qué esa expresión inalterable que jamás podrá recuperarse de lo que le tocó ser espectador...
Cuando me preguntes, voy tomar la tarde de ayer, y todas las otras que significaron el abandono de una parte de mí, para justificar este monstruo que ahora ves en lugar de lo que alguna vez fui, que no es más que la reacción opuesta a la bestialidad y miseria con la que nos ataca la mismísima humanidad.
lunes, 10 de enero de 2011
C U NEXT TUESDAY
El taxi necesariamente tuvo que doblar esa esquina y darle derecho, y la noche necesariamente tuvo que acabar en ese agujero negro con luces de colores. Necesariamente debíamos estar ahí en un momento preciso, y estuvimos... ¡¡¿Pero por qué?!! ¡¡¿Cuál es esa bendita necesidad?!!
Muy probablemente sea el efecto desempleo, las horas libres que en vez de sesenta ahora guardan quinientos minutos, y los pensamientos que se reproducen incesantes a partir de un sexo violento entre ellos. Ahora se me ocurrió culpar a mi personalidad, a mis pocos años y a mis ganas vacías por hacer lo que no se debería moralmente.
Pero me aburrí un tanto de ‘autoapalearme’ y medida que pasa el tiempo entiendo menos a la gente y me entiendo menos a mi misma. Detesto a la gran mayoría, no la soporto, me molesta y confunde tener que compartir el mismo mundo y la misma época en la historia. Y eso es lo único que viró a trescientos sesenta en mi vida, antes la apatía era hacia mi misma, ahora también es hacia el resto, y nace en mí una pequeña indiferencia que en cuanto la perturban se vuelve ira.
Cuando uno se aburre y el tiempo corre como una cascada empieza a funcionar la parte derecha de nuestro cerebro, nos olvidamos de la lógica por un tiempo y le damos rienda suelta a las boludeces: el amor, los sueños, la creatividad y junto a ellos surgen oportunidades para experimentar todo tipo de sentimientos no secuenciales, que surgen imaginariamente y no porque en verdad existan. En otras palabras, creamos sentimientos en nuestro cerebro... ¿se entiende la incoherencia? en nuestro cerebro, cuando deberían directamente sentirse en el corazón o el alma. Inventamos, ese es el error y esa es la palabra. Ficción, que en mi ser netamente negativo siempre tiende a ser dramática y a desencadenar angustias e innovadoras ideas fatales o extremadamente trágicas.
Me enferma el tiempo vacío, la libertad, poder elegir y la falta de obligaciones y responsabilidades que me entretengan, me preocupen y me produzcan nervios y dolores mentales. Cuando los quehaceres desaparecen, es donde me activo y la originalidad prende la lamparita y empieza a maquinar sensacionales escenarios terroríficos salidos de alguna novela de Stephen King.
Entre todo este refuncionamiento mental, se me ocurrió ser idealista, y dicha elección me está matando. Cada día se un poco menos, entiendo un poco menos y espero, de la misma manera, un poco menos. Quisiera ser como aquellos que tanto discrimino, que aborrezco y me perturban la existencia, esos que tienen los horizontes tallados en su ventanas y para los cuales la altura es la que determinan las nubes, o aun más preocupante, el tejado de sus propias casas. Para ellos no hay futuro y no les preocupan porque tampoco lo esperan, porque saben acertadamente sin analizarlo que el mismo nunca llega. Para ellos que creen que la felicidad es un estado y no una condición del ser. Para ellos, que contemplo desde un tercer plano con una sensación mitad agradecida y otra mitad desconsolada.
Hay un esquema para todo calculo... Y mi vida debe estar incluida... Si no el rechazo a la misma no hubiera fallado..
¿No?
martes, 4 de enero de 2011
21 hs. Salgo a correr, cuatro vueltas (dos mil cuatrocientos metros en total), no doy más. Exigencia al máximo, y no hay caso: NO doy más. Freno, me acuesto sobre el pasto y me digo a mi misma con impotencia:
Se solicitan a la brevedad un par de pulmones nuevos...
y con más urgencia por favor, un atado de cigarrillos de veinte.
Desaparezco.
No volvió(volvieron) a llamar nunca. El año se fue desanimado por el portal del olvido y de la misma manera llegó otro, de imprevisto y sin ninguna invitación en sus manos. Sin bienvenida se fue acomodando en mi espacio, en el molde agrietado y mal formado que había dejado como huella el anterior. Y no llamo, y lo remplacé, y su reemplazo creo que llamo alguna vez, pero hice de cuenta que no. Ningún llamado se refería a mí, todos buscaban a otra persona farsante y sagaz que había utilizado mi nombre. Quizás hasta había utilizado también mis años y mis ganas porque ninguno de ellos me aludía tampoco a mí.
Miré para atrás, había llegado a un nuevo enero con las manos vacías y sin la fuerza necesaria para defenderme, en el caso de que más tarde se me ocurriera atacarme.
Los dos primeros días del año fueron espaciosos y me regalaron algunas horas de más, las necesarias para confeccionarme un error sublime, una excusa perfecta para reprocharme y anidar nuevamente remordimientos y venenosa culpa, de esa que si durara más de cuatro días te mata. Ahora me restan tres días de tortura hasta que llegue el veredicto, y entonces sabré si dios me perdona una vez más o me condeno yo misma. Y para no martirizarme tanto con ese asunto modifiqué mis sueños y les puse ese dejo fatalista que es componente exclusivo en mi sangre. En ellos pasaron cosas horribles, tanto que algunas fundieron la realidad y lograron pasarse a ella cobrando vida: mis miedos. Miedo a las muertes sobre todo, todas las muertes menos la mía, que en cambio esa me fascina.
Entre enfermedades, nuevas vidas, y la partida de lo único que amo (todas ellas probabilidades) colapsé, y lo único que verdaderamente sé hacer muy bien lo hice. Porque aunque quedaran aun muchas escapatorias, lo necesitaba, porque alargarlo no me proporcionaba el pago suficiente para aliviar mi impaciencia, mi preocupación y para conseguir el olvido.
Entonces desaparecí, llana y rotundamente. Me fui, a ningún lado por cierto, pero escapé de mi pasado, de mi rutina, de mis responsabilidades, obligaciones y me fui corriendo detrás de esa magia espontánea que guía mis actos y genera las únicas órdenes que se seguir al pie del pedido: mis antojos, mis ganas, mi desidia, mi cansancio. Soy débil cuando me paro frente a mí. Puedo decirle que no a quien sea y a lo que sea (incluyendo a la vida misma) pero cuando se trata de mí, la potencia de mi negativa aminora, y soy sumisa y vulnerable a mis caprichos.
Estoy demasiado preocupada como para seguir escribiendo. El jueves hablamos, espero traer noticias buenas, de lo contrario... no me imagino lo que me espera, porque de hecho no habría nada más para imaginar jamás. No depende de mí, ya actué, ya me equivoqué otra vez, ya estoy. Ahora está todo en las manos de Dios, Buda, el karma, la suerte o la biología. Pero en mí, ya no.
martes, 28 de diciembre de 2010
A Christmas gift.
Se relamió los labios pensando en sus besos, y comenzó a retorcerse entre el calor de las sábanas sabiendo que en ese mismo instante él la estaba pensando. Revivió aquella noche en su cabeza, despacio, paso a paso reanimando la excitación frente el recuerdo de ese animal salvaje que la sometía con violencia serena. Era ese juego extremo alternando los polos de lo dulce y lo agresivo, entre la fuerza con que esas manos sujetaban sus caderas y la suavidad con la que las deslizaba hacia abajo. Y sus ojos, que jamás cerraba, que mantenía alerta para no perderse ningún detalle de esa cacería perfecta. La escuchaba suplicar y sólo sonreía y continuaba sosegadamente. La arrimaba hasta el límite repetidas veces, deleitándose con sus gritos de súplica y deteniéndose en un golpe abrupto... desquiciándola.
El celular vibró dentro del bolsillo delantero de sus jeans, arrancándola de la real fantasía que había tenido lugar dos noches atrás. Ni siquiera necesitó ver el mensaje para saber que era él y que la invitación a revolver el pasado estaba hecha.
Sonrió sin proponérselo, al desnudo ante una sensación que atravesaba su armadura cutánea.
Recordó esos ojos orgullosos, seguros de haber encontrado lo que hace tiempo buscaban, que escrutaban su figura con calma absoluta desde sus delgados tobillos hasta cada rincón de su cuerpo, embelleciéndola al admirarla con tanta fascinación. Cuando la imagen de esos ojos volvía a su cabeza, las ganas de volver a verlo se echaban hacia atrás. Y su éxtasis se entumecía con una oleada de temor.
En tan sólo una semana estaría fuera del alcance de su vida para siempre. Tenían en sus manos una única noche, para conocerse y sólo así.. descartar la magia por ilusionismo, o arriesgarse a quedar aun más maravillada. Sufrir con el ‘quehubierasidosí’ o enfrentarse a buscar la posibilidad de que fuera uno más, con un feroz, eufórico y romántico disfraz.
El celular volvió a vibrar.. la insistencia le devolvió la excitación. Y cegada por el calor y el recuerdo que la invadía de nuevo, decidió arriesgarse. Una última vez, se permitió. Después de todo, era una magnífica oportunidad para volver a alimentar sus fantasías, devolverle la actividad de análisis a su cabeza, y obsesionarse con esa sensación de querer algo que se nos vuelve imposible.
Él era imposible, y sin saberlo, ingenua, esa era la única razón que la entretenía y la mantenida asida a él.
Tomo el celular disponiéndose a confirmar el encuentro para la noche del miércoles.
Desplegó el teclado y presionó la tecla verde frente a la advertencia de los dos mensajes nuevos: el primero era de algún amor viejo, oxidado y hace tiempo olvidado; el segundo, con el mismo impacto de mala sorpresa, era de un intento inconcreto y fallido de amor inmaduro. No había rastros de él.
Entonces giró hacia un costado de su cuerpo, con la almohada ubicada entre el hueco de su mentón y sus pechos, y algo en sí le dijo que el miércoles ya estaba pactado implícitamente, y que ahora, frente a su indiferencia, las probabilidades de desmaravillarse se reducían a ninguna.
Y se durmió con una sonrisa, sabiendo que en ese mismo instante él continuaba pensándola.
Y se durmió con una sonrisa, sabiendo que en ese mismo instante él continuaba pensándola.
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Es cuestión de querer.
Soy feliz. En este instante, en esta situación con lo que conseguí, con lo que perdí y con lo que todavía me sigue faltando pero sigo buscando. Estoy feliz, sin saber siquiera si la felicidad es un estado, una sensación o un delirio de la psiquis. Soy feliz señora!! Que más da?!
Efectivamente rendí las materias en tiempo y forma, al límite y raspando, como me gusta, con una semana sombría que pasé bajo las frazadas sin querer asomarme, disfrazándome bajo la excusa de un resfrío, que le cedió paso libre a la angustia y las maneras trágicas en que sé expresarlas. Poniéndome a mí antes que a los demás, renunciando a todo si llegara a fallar. Soy extremista, y a pesar de que suelo decir, y suelen decir mis psicoanalistas también, que me odio, o que por lo menos no se quererme, yo siento por el contrario que me amo, que me amo como jamás voy a lograr a amar a nadie, que soy ferozmente egoísta, indiferente. Y que sin mi felicidad la vida es una basura y me quiero morir, me chupan un huevo todos los demás.
Pero sólo por momentos, sólo por un breve instante lo creo así, y al siguiente ya estoy desatestándome de mi formas y odiándome por el costado por el cual me mire, y las personas que amo son mi centro, mi futuro, mi todo. Y mi vida continúa en pie solo por ellos, o en el piso, pero arrastrándome por sus deseos. No soy nada y sólo quisiera hacer feliz a los demás y con eso estaría satisfecha.
Soy más de una persona, y lo sé claramente. Me encuentro en mil ideas, no obstante tire para una sola dirección.
Y hoy le toca salir a tomar sol a mi parte más egoísta, la que se ama, y es capaz de extraer beneficio a costa de lo que sea. Terminé el CBC mis buenos muchachos, y se lo dedico especialmente a las dulces personitas que uno se topa en la vida y la tiran para abajo constantemente. Entre ellos, la principal soy yo. Me lo dedico a mí y a mi angustia, a mis ganas desesperadas por sufrir, a mi depresión profunda y a la semana de terror que pasé hace unos días apenas. Entonces respiro, y me alegro, y disfruto porque mañana voy a reprocharme el haber puesto en juego mi vida por un par de materias. Y darle tanto espacio, tiempo y relevancia. Pero eso será mañana, hoy es hoy, y disfruto de estos veinte días que quedan antes de que me vaya.
Todo pasa por algo, no me canso de repetirlo, y si sucede es porque indudablemente conviene, y si no sucede, también. Entonces me viene como anillo al dedo el sufrimiento, mi semana pasada, los dos finales, los zapatos que me olvidé la otra noche en la casa de forro más renombrado, el pucho que me fumé a las once y su respectiva consecuencia, que casi me echen, que se vayan a días de año nuevo, que la otra noche me haya sido indiferente, que el gordo grasa me haya boludeado, que la peluquera no me haya atendido y que justo haya llegado el tren cuando prendí el segundo pucho esta mañana. Porque todo es causal, y por qué está más allá de lo que podemos entender.
Me voy a seguir castigando a los pulmones y a seguir sumando puntos para que me pongan de patitas a la calle a ver si saco algo. Soy feliz señoraaa! Y hay que festejar. Debe ser el primer post feliz de todo el blog. Tengo que estar MUY feliz para necesitar plasmarlo acá, asique que buenoooooo! Ojalá que dure más de quince minutos, jaja. Ahora así: vacaciones, sol, noche, y quiero que llegue enero YA y despejar todo este año, que fue el más cargado de mi vida y a comparación con los anteriores bastante satisfactorio. A terminarlo bien y a esforzarse por uno mejor.
Alcorta allá voy!!!
jueves, 16 de diciembre de 2010
I quit. I give up.
- ¿qué es esto al lado de todo lo que pasaste en tu corta vida?
Y cerró la puerta. Igualmente no se que hubiera contestado, quizás algún ademán falso con la cabeza, para que se vaya conforme sintiendo que yo pensaba lo mismo. Pero no. A fin de cuentas esto era igual que aquello. Era lo mismo que nunca se había ido, y que esperaba latente a que algo mínimo lograra tumbarme para salir y atacarme con más ganas. Me tiene, me lleva, me aletarga y no piensa soltarme. O soy yo, que me aferro porque ya no me soporto llorando en el bondi, en la facu y en la calle. Pidiendo explicaciones a alguien que no existe o que si existe por lo menos se rehúsa a escucharme. Parece que mi alma sabe que la primavera se esfuma y que tiene nuevas oportunidades para ser una gran puta. Cada abrazo que me dan es un herida nueva que no cicatrizará jamás. No se trata de fallarme a mi misma sino a todos los demás. Soy débil, frágil, cobarde y pretendo escaparme siempre que algo no va como yo quiero, es que maldita sea! no le veo el sentido a seguir sufriendo.. Me odio, de mil maneras y por donde me mire. Me odio porque todo lo arruino, estropeo cada cosa valiosa de mi vida. Mi amor es altamente destructivo y me detesto con ganas, locas ganas de asesinar el tiempo.
Desaparecería fue mi deseo al dar las once y once en una mañana de sol de un amarillo falso sobre el cielo desteñido. La vida es montón de hojas en blanco donde podemos explayarnos con libertad, pero yo no escribo ni pinto, yo dejo manchas, ensucio. ARRUINO. Por dios, dejenme darle mis días a alguien que sepa aprovecharlos, que los disfrute o que al menos no vaya contribuyendo a que la vida sea una basura perfecta como la conocemos. O que si hace de su vida una basura que al menos lo haga con ganas y gozándola. Yo me lastimo, lo sufro, me odio y me asesino. ¿Que clase de agonía es la vida? ¿Que sentido tiene tan larga tortura previa a morirnos?
Renuncio.
Me cansé de este juego estúpido.
martes, 14 de diciembre de 2010
Saludame, que me estoy yendo, que puede que ya no vuelvas a encontrarme por el barrio.
Queridos padres y madres, dulces inconscientes y eternos ingenuos, dictadores, sordos y muy poco elocuentes. La comunicación es lo primero, que sea escasa o que directamente no tenga lugar en sus respectivas familias se debe a la falta de tolerancia respecto a ideas diferentes. Cada ser en el mundo es distinto al otro, todos. Así como no existen mismas huellas digitales, no existen dos cabezas funcionando de la misma manera. Y no pueden, bajo ningún punto de vista, exigirme pensar como el resto.
Yo entiendo, todos nacemos ignorantes, y no hay ningún manual que nos enseñe absolutamente nada, ni siquiera a ser padres. Pero uno sabe, uno entiende cuando la situación se va de las manos, cuando ya su labor es ineficaz y sólo consigue agravar las cosas más.
Tenía tantas lágrimas comprimidas por angustias que ni yo sabía que sentía, que esta tarde se me hizo imposible estudiar. Dormir y mirar televisión son las dos maneras más fáciles de escaparle a la realidad. Habiendo dormido toda la mañana, mediodía y principio de la tarde, opté por la segunda. Me topé con una película de Kimberlee Peterson, (ni idea el nombre porque ya estaba bastante empezada) que me atrapó al instante al ver ese ambiente tétrico de hospital, con escenas sangrientas y expresiones desesperadas en los rostros de los actores. Al cabo de cinco minutos me vi obligada a subirle el volumen al televisor para evitar que se escuchara desde afuera el escándalo de mi llanto. Era mi pasado captado en una filme. Impactante.
Llegue a gritar, sin darme cuenta, a los padres del personaje que interpretaba Kimberlee en la película. Me recordó la impotencia, el odio a mí misma por odiarlos, por ver que son los seres que más amo los que más me dañan queriendo desesperadamente salvarme. Ira. Pero recapacité. Si yo estaría en su lugar creo que quizás tampoco sabría como actuar.
En la película la madre abandonaba a la chica pensando que ella era el problema, y el padre se propuso acompañarla... La vieja una basura, el padre un imbécil que actúa temporalmente.
En mi caso fue diferente, se optó por darle el mando a profesionales (ineptos) y dejarlo todo en manos de las pastillas mágicas. Ni una ni otra cosa, absurdo. Al mes todo era como si nada hubiese pasado, y entonces volvió a suceder... y a los quince días como si nada hubiera ocurrido nuevamente, y así se volvió costumbre, y entonces tentar contra mi vida se volvió un hobbie frecuente a la par de decir ‘¿che vamos a la plaza a tomar un helado? Ah dale! y después vamos para a casa a darnos una sobredosis de Clonazepam, buenísimo!’
Llamar la atención, en la película los doctores decían que eso era lo que hacía la pequeña mujercita. Llamar la atención...
Estar sola, desesperada, necesitando dar amor y no encontrando receptor, necesitando recibir y entender que las relaciones más fuertes se enfermaron de rutina, y un abrazo tiene lugar una vez cada trescientos sesenta y cinco días únicamente cuando cumplo años... ¿cómo se le llama a eso? ¿Llamar la atención? ¿Cómo te digo que la vida no me sirve si no hay amor? ¿que ser invisible da igual, que necesito lastimarme para hacerte recapacitar o por lo menos para recordarte que todavía sigo acá? ¿que necesito que me digas que me amas, que estas, que me acompañes, que me abandonaste, me traicionaste, me trajiste al mundo a sufrir y dejaste que lo enfrentara sola? ¿Que te importa entonces si decido irme y de la misma manera abandonarte a vos?
¿Cómo te explico que necesito vivir el amor, y que me es necesario llegar al límite para lograr tenerte a mi lado, preocupada, sufriendo por mí, demostrándome con tu dolor el amor como nunca antes? ¿cómo explicarte lo bien que me hizo hacerte sufrir tantas veces? El peor momento de mi vida fue cuando desnudé mis brazos y lloraste, los besaste, me abrazaste hasta el alma, ¿cómo explicarte que siendo el peor, fue lo mejor que me paso? Y el resto ya no lo recuerdo... las drogas no me dejaron presenciar el momento, pero juro que debió ser lo más hermoso, tu desesperación por mí.. las lagrimas, el llanto a los gritos, amándome... me amaban.
¿me aman ahora?
Cuando a uno le empieza a ir mal en la vida siempre quiere volver con la cabeza gacha a casa, y volví, porque la facultad es una basura y el cerebro se niega a colaborar, mis amigas de a poco me fueron cagando y tengo una colección de cuchillos en la espalda, tengo un problema respecto al amor y los hombres que ya prefiero ni tocar el tema, y para que se den una rápida idea ni siquiera mi perro me quiere, no me acepta, pasamos despiertas estudiando las últimas cuatro noches, yo obviamente poniendo mucho más empeño en enamorarla de mí que en lograr memorizar algún concepto de economía. Y sin embargo, no me quiere, se niega a aceptarme, ni hablar de extrañarme, a veces me confunde y soy un simple extraño. Me afectan mil cosas ínfimas que sería estúpido intentar explicarte. Entonces vuelvo a casa dolida, arrastrando los pies del cansancio, con un cartel en mi frente pidiendo con humillación una limosna de amor. Y nada, completamente vacía y agujereada.
Con los brazos abiertos intentando agazaparme a tu cintura y no volver a soltarte... y nada... abrazo nuevamente la nada. Quisiera que me amaran como muy bien se que ustedes saben amar. Pero simplemente uno no lo elige, los sentimientos son puros, surgen o no surgen y punto. La desesperación y esa necesidad por salvarme es vanamente un instinto, supervivencia, responsabilidad por sentir que tienen que mantenerme viva, acá.
Y otra vez caigo, buscando drogas, alcoholizándome y refugiándome en el sexo con quienes se que saben muy bien lastimarme. Lastimándome y lastimándolos a ustedes sin querer. Otra vez estoy en el inframundo, sin miedos, porque no hay absolutamente nada que perder. Y cuando lloro en el patio con ese cigarrillo que me prohibiste prender, pienso en vos y en vos, y para mi siempre van a ser mis culpables. Siempre van a ser ese amor no correspondido, siempre serán los asesinos de mi autoestima, de mis sueños, de absolutamente todo mi futuro. Son los mejores padres del mundo, los mejores sin alardear. Sin duda, tuvieron tres hijos excelentes, criados de maravilla. Pero yo difiero, y hablando en serio y dejando de lado el chiste de la ovejita negra, difiero en realidad, de la sociedad, de las personas, de lo normal. Lo que yo necesito es extremista, necesito una comprensión mucho más amplia, necesito una docena de orejas para que me escuchen, necesito una cantidad EXCESIVA de amor. Algo que la vida misma no podría darme. Entonces lo único que me permito necesitar es su autorización, que me dejen ir en paz, y siendo así todos dejáramos de sufrir.
Catorce de enero del dos mil diez.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Buh!
¿Viste cuando alguien te asusta de prepo? Esa sensación… ¿cómo describirla?
Como si de pronto y sin previo aviso te presionaran muy fuerte en el pecho, te acogotaran y en un instante se robaran todo el oxígeno del aire. Durante un segundo estallamos por dentro, es un golpe seco interno, nuestros sentidos se anulan y los nervios se alteran. Colapsamos.
Esa fugaz sensación del susto, esa mezcla de desesperación, terror y angustia, el sentir que de un segundo al otro se nos cae el universo, esa es la que yo llevo de forma PERMANENTE dentro de mi pecho. Es un susto continuo, es como si la vida me hubiera espantado con su realidad y jamás se me hubiese borrado esa expresión de exaspero.
Un dolor insoportable, que duerme dentro mío de forma CONSTANTE.
viernes, 10 de diciembre de 2010
Quizás cuando más te aleje, sea cuando más te esté necesitando.
Otra noche más, que pronostico, voy a dormir con los ojos húmedos y los brazos enrozcados a la fría e inerte soledad con forma de almohada. Me duele más de una cosa, y creo que la única que emana dolor soy yo, y sin embargo hay dolor en todo espacio y tiempo en donde me proyecto. Me duelen las siete y media de la mañana cuando el despertador me arrastra a la realidad, me duele la gente atestada en el San Martín y la prisa que los acosa, mientras suena de fondo ‘¿Cuál es?’ en la radio, anunciando que ya son las nueve de la mañana y estoy llegando tarde. Me duelen los puchos que reemplazan mi almuerzo y el café amargo de las cinco de la tarde, me duelen las noches desveladas de estudio... me duelen la falta de respuestas y los abandonos repentinos, me duele a mil kilómetros de distancia y que seamos tan fácilmente reemplazables, me duele ese libro podrido que leí hace unas semanas, fundamento de lo tóxica que resulta la sociedad y de como destestándola y sufriéndola llego a sentirme cómoda estando insertada en ella. Me duele la vida, la falta de motivos y el extenso listado que justifica que es mucho más inteligente rechazarla y hacer de la muerte un momento abrupto y final y no una diaria agonía.
Esta noche soy puro dolor, bajo una ducha de agua fría con ganas de amar. Todo lo que sale de mí no vuelve, siento que me vacío momento a momento con cada palabra o cada beso, soy la angustia expresa de mil maneras y cada rasgo es un pedido de auxilio oculto tras una resignación aparentemente segura.
Me siento tan vulnerable y a la vez impenetrable.
Sesenta cigarrillos en una noche, decime si hay otra explicación que no sea un suicidio paulatino, que no sean ganas implícitas por desaparecer y consumirme con el pretexto de ‘no quererlo’. Es esa necesidad por volver física la muerte de mi esencia, y hacer concreto ese manojo de emociones poco felices.
Esta noche más de una ausencia acompaña a mi soledad.
lunes, 6 de diciembre de 2010
Llenando la falta de amor
Se retorció en su asiento, con las cejas inmóviles, la vista fija y los labios plegados con presión a modo de puchero. Una expresión infantil, dulce a simple vista, pero aborrecible si reparabas en la incoherencia de sus incipientes canas, sus manos robustas y desgastadas y en el frunce de una frente que lleva millares de ofensas, sorpresas y engaños.
Durante la primera hora, me preocupé por revertir esa expresión, ignorando que mis palabras eran los más inocentes sables, que perforaban su sien anulando el funcionamiento de su razón, (si es que en algún momento pensó en darle uso). No respondía, la mirada estaba absorta en algún sector del camino que aunque inconstante el punto, parecía ser siempre el mismo. Aunque se esmeraba por no parecerlo, me escuchaba. Su cerebro extraía lo más superficial de mis palabras, y las quitaba de contexto para usarlas de apoyo, de defensa o a modo de revancha. Era una conversación, de esas que entablamos a los cuatro o cinco años, cuando nuestro raciocinio todavía no nos permite discernir que lo del compañerito no es de uso público y cuando no nos dejan tomarlo, es correcto aceptarlo. Entonces, vista baja, berrinche, y ni dios puede contradecirnos.
Me titulé como caprichosa, y ante los primeros indicios, recuerdo cómo él no había dejado pasar ocasión para avalar mi calificativo. Si lo mío era capricho, ¿cómo definir su necesidad exasperada, infundada, hormonal y puramente vana? Pero había una gran diferencia entre el capricho de un caprichoso (valga la redundancia) dónde sólo se persigue un fin, sin importar los motivos, y no se detiene hasta conseguirlo; y el capricho de aquel otro, donde la insistencia era la misma, pero en su actitud sobresalía ese rasgo desahuciado, de un nato perdedor de la vida, que lleva en un noventa por ciento más fracasos que triunfos en sus hombros. Sabía, dentro de su berrinche, que jamás me conseguiría. Y sin embargo no podía evitar lo síntomas: el enojo. Cervezas, cigarrillos y su mirada penetrando en el vacío… el mío. Yo a mi manera intentando llenarlo, y el no teniendo legalmente más espacio. Se hizo tarde, sentí esa asfixia en su pecho por ver que le quedaba poco tiempo. Sí podría haber decidido enamorarme lo hubiese hecho, se hubiese cobrado mi angustia en toneladas por una noche. Pero me encontró desnuda, con la piel tersa, la sangre helada y la carne de piedra. Me descubrió como un ser al que sólo le restaba un débil suspiro de derrota para el fin, y ya había comenzado a exhalarlo.
No hubo manera de despertar en mí ningún tipo de interés, ni físico, ni ciego sexual. Y murió conmigo, su capricho, uno de tantos. La costumbre lo hizo recorrer el mismo camino, y aunque en un principio en el intento por frenarlo, exprimí mi paciencia al máximo, el se dejaba caer en la butaca cada vez más abajo, y manejaba ignorando la precisión de mis palabras, la razón, la causa y tejiendo excusas y situaciones para reprocharme. Todo su ser testificaba esos veinte años que su mente le restaba. Parecía de quince, y quizás su proceso mental le había tomado un poco más del doble de lo normal. No tenía de donde agarrarse, yo tenía todas las cartas y antes de jugar sólo le estaba advirtiendo. Mis fundamentos eran fehacientes, pero no reales, no era así como pensaba y sentía, nada de ese discurso de buena persona que se refería a mi era cierto. No me importaba en lo absoluto aquella causa que sostuve como imposibilidad para darle el gusto. Simplemente lo odiaba, como a todos los demás, pero él no lastimaba. Era un estúpido disfrazado de pirata.
Mucho dista de afectarme moralmente equivocarme, incluso amo el error y lo necesito para el progreso, y repetirlo sucesivamente cuando la idea es echar ancla en algún momento. Y en cuanto a lastimar… ¿cómo explicarte el dolor que provoqué a las personas que más amo en mis vidas? en todas ellas, ¿cómo explicarte que mi egoísmo es tan profundo que volvería a lastimarlos una y otra vez, si así lo deseara, si fuera necesario para mi fugaz contento? La ética, la moral, y las complicaciones con el sueño, me acosan a diario. Si esa hubiera sido la traba, creo que siquiera la hubiese mencionado. La culpa es un factor más en mi piel, es la cantidad de gramos que pesa mi alma. Simplemente no había nada nocivo en vos que me tentara… esa es la respuesta.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Otra vez..
No puedo más. Cuantas veces lo dije, y así y todo seguí. ¿Que conseguí? Terminar de esta manera, arrepintiéndome de no haberlo hecho la primera vez y para siempre.
Me duele tanto.. te juro que a veces ya no se en que época estamos. Los años fueron pasando, y sin embargo todavía me siento de quince, con ganas de escaparme de casa y que a alguien le importe. Ahora estoy sola, ahora el dolor es mío y nadie se va a hacer cargo de mis atentados. Los desastres hacen a la soledad. Yo me aíslo, ¿quién podría compartir y ser parte del infierno en el que vivo?
Lo único positivo de haber vuelto tan abajo, es que una vez más mi vida se desvanece, y no me quedan más cartas que perder. No tengo ni soy nada, y ese nada es todo lo que hoy sin temor arriesgo. Lo voy a lamentar en un tiempo, cuando me reproche por dejar que el dolor me venza y destruir mi futuro despacio y premeditadamente. Dejar pasar la vida... es más que un error, es el mayor de los esfuerzos, es tener el valor y la fuerza suficientes para sobrevivir. Dejarla pasar, con lo abrumadora, asfixiante y tortuosa que se vuelve con el paso de los años. Quisiera quitármela de encima, arrancarme la piel del cuerpo si con eso pudiera desprender el dolor que vive penetrándome hasta el alma.
Duele mucho más estar vacía, entender que ya no es lo mismo y no hay reversa y aun así que ya no duela. Duele más no sentir. Duele la falta de dolor, ¿cómo explicarte? ¿Como explicarte que en sólo una hora conseguí asesinar estos últimos ocho meses y revivir los tres años previos? A quién gritarle y socorrerle para que me aleje de mi, para que me controle y me aísle de mi mente que en su ingenio sólo sabe buscar una forma fatal de hacer desaparecer mi angustia. Y si el precio es desaparecerme a mi también, lo paga. Lo pago, lo pagaríamos todos.
Sólo se que si por tan sólo un instante podrías vestirte con mi piel y empaparte con mi angustia, entonces me darías el apoyo para renunciar a mí misma. ¿Para qué empeñarme en resistir toda la vida, cuando tengo el final y el alivio tan disponibles a mi alcance?
Mis promesas de papel y los errores son eternos, una vez que se les da lugar, no dejan escapar oportunidad para presentarse de nuevo.
¡Y mi dios, que dejaste de creer en mí, antes que yo en vos, pensar que estuve tan cerca de volver a vivir!
lunes, 29 de noviembre de 2010
No cejarás.
Necesito testigos, o atestiguar. Me fui al carajo, él me llama de nuevo, me volví una basura. Daría cualquier cosa para cambiarlo, para retroceder a la segunda semana de octubre, y sin embargo para este jueves no pienso estudiar. El sexo es todo y ni siquiera me alcanza. Quiero desenchufarme, estoy enfermándome de nuevo y necestaría, sería óptimo si me ayudaras, me dieras una mano. El enero pasado ¿te acordás? no, cierto que no me conocías, pero este puede volver a ser igual. Me reprimo a medias y me equivoco de igual manera. Tengo que confesarte, nunca voy a cansar de lastimarme. Manaña voy sentirme más viva que nunca. ¿Reparaste en la idea de que mañana no llega? Entonces quizas siga muriendo por siempre. No todo es tan trágico, las palabras no tienen la misma resonancia cuando la soplan mis labios. Esta soy yo, no la que entrecierra los ojos y se acomoda el pelo con la mano derecho hacia atras... despeninadose con los dedos abiertos. Duermo con cada uno, pero cuando estoy sola están todos conmigo al mismo tiempo, mientras a su vez están con otras mujeres y hombres, entonces somos muchos más ¿te diste cuenta? No entendés. Me entendés cuando te digo que no puedo más, cuando lloraba con Inocencia de Avril.. en la estación Devoto... ¿el tren San Martin? ¿Una noche a las nueve pasadas? ¿Y aquella otra mañana? también eran las nueve pasadas... LLegué cuarenta minutos tarde a trabajar, nadie se dio cuenta. De alguna manera no siempre estoy donde parece. Mamá y papá los amo, pero ahora se van y me dejan el espacio libre, el tiempo suficiente para recuperar la vida. Los amo desde lejos, los extraño igual. Soy feliz muriéndome, y de alguna manera siendo feliz en vísperas de la muerte me siento más viva que nunca. La eternidad te aletarga, te suspende, te anula las ganas. Vivimos mitad muertos mitad vivos. Cuando morimos pasa lo mismo. Yo creo que estoy un paso al costado del proceso normal, natural, corriente. O por ahí estamos todos sumergidos en las mismas aguas, y nos convencemos de que pertenecen a mares distintos. ¡Queeee ssse yo! Para mi todos los demás son de porquería y yo soy la única esperanza del mundo del mañana. ¡Basura! soy más hija de puta que el propio sistema. Pero bueno, así como también lo soy, lo haría mejor. Un granito. En ese mar de mugre, un granito de la base, de la superficie... eso es lo que soy, lo que sostiene al mundo contaminado. Somos importantes. Si lo intentábamos en serio, quizás no lo hubiésemos logrado tan... ¿irreversible? Ayer hice una lista e incluí a varios, quizás lo lean y de inmediato sepan que están adentro, o mejor dicho que lo van a estar, ja. Los caprichos míos no son leyendas. Ganas, es lo único, estoy vacía. Volví con los que me lastiman, quizás ya dejaron de lastimarme y pretenden volver.. siempre voy a tener la puerta abierta para ustedes! los extrañaba hasta debo admitir, y después me jacto de mi inteligencia. Así se explican las desiciones con consciencia que me arriman al dolor, a recuperar la sensación continua de inhalar, exhalar... algo así era, a veces me olvido de esa parte. ¿Sabes que? Mi perra no me ama, es más a veces le toma más de treinta segundos reconocerme y cesar el ladrido, no exagera, somos extraños. Podría amarla, eso es lo más triste ¡y cómo lo haría! Podría amar a cualquiera que promotiera lastimarme por siempre y no dejarme jamás. Los que lastiman y vuelan, con la misma rapidez se me vuelan a mi de la cabeza. Quedate, torturame, te amo. Simple, gano vida, ¿no lo ves? Y porque las experiencias retorcidas me enseñaron de muy malas fuentes que de eso se trataba el camino a la muerte. Yo le tome cariño. Despues de todo nadie puede contradecirme, todo es muy subjetivo. Chau moral, te traicioné, te fui infiel, me cague en vos basicamente. Me gusta más que pasarme horas enteras tragándome tus boludeces. Soy desobediente, soy un DESASTRE (lo que lo provoca y las consecuencias que genera), no pienso hacerle caso a una convicción propia, hago todo mal... ¿por qué entonces tendría que pensar bien? Mmm.. no, esa ya no me la creo. Bien o mal: MUY MAL. Mi vida podría ser diferente ¿sabes? ¿por qué no quiero? Cigarrillos, café y vacío por un lado, sexo, alcohol y remordimiento por el otro. Tanto hedor a muerte. Qué lástima, y pensar que era toda una belleza de chiquita... parecía un playmobil. De tantos destinos que le esperaban, no me hubiera imaginado jamás, que hubiera preferido no escoger ninguno.
sábado, 27 de noviembre de 2010
Un perfume por otro
Luz gris en la habitación. Todavía no había llegado a abrir los ojos cuando la vi. De regreso a la conciencia el dolor de cabeza fue inmediato, puntadas intermitentes en mi sien, el estómago reclamaba también. Me levanté, sería domingo, me faltaba esa presión habitual con la que amanezco cada mañana sabiendo que siempre se me hace tarde para presentarme en algún lado. Me incorporé despacio, abrí los ojos y dejé que mis pupilas se contrajeran lo suficiente como para protegerme de los delgados hilos de luz sucia que se filtraban por el entramado de la persiana. Busqué en el suelo, ahí estaban mis zapatos negros, uno de ellos a punto de perder su taco y un vestido a lunares sobrio. Sobre la mesita de luz collares, pendientes, notas, cigarrillos, y pastillas anticonceptivas. ¡genial! Había olvidado tomarla la noche anterior. Rápidamente me obligué con violencia a rebobinar mi memoria. Definitivamente había pasado la noche con alguien, el peso en mi pecho y esa sensación de remordimiento esparcida bajo cada célula de mi cuerpo lo confirmaban. Y sin embargo, los registros de mi noche anterior morían en el bar de mi ex facultad. Cerveza, cigarrillos y un Dj provocándome con la mirada. Había algo más. Luché por erguir mi espalda contracturada, me dolía el cuerpo, el cansancio de mis músculos me superaba. De pronto un sabor agrio se trepó por mi tráquea generándome arcadas, corrí al cuarto de baño y los vomité: los azulejos, el espejo y a la chica que con desprecio me miraba del otro lado. La ignoré, su rostro me recordaba a alguien del pasado, seguramente la conocía hace tiempo y habíamos tenido la oportunidad de ser mejores amigas en su época. Pero me resultaba un rostro extraño, y por su expresión entre repulsiva y complaciente supe que ahora estábamos lejos de aquel amistoso pasado. Me desplomé al instante sobre las cerámicas heladas, estiré los brazos hacia los costados y boca abajo bese el suelo, cerré con fuerza los ojos, como si de alguna manera esto ayudara a recordar, y volví a hostigarme con preguntas sobre la noche anterior... nadie en mi se dignaba a responder. Mi memoria estaba avergonzada y su labor reprimiendo y manteniendo los recuerdos en lo clandestino era excelente. La deje, debía tener sus razones para olvidar, mi vida era terrible, y ya demasiado era vivirla una vez como para recordarla y revivirla una vez más.
Lloré. Mi cuerpo no valía nada, y mi alma, si es que algo de eso hubiera adentro, valía mucho menos. Escapaba a los recuerdos queriendo memorizar, llovían imágenes, palabras, sabores.. Me odié.
Yo nunca fui la víctima. Soy de todas mis noches el factor más peligroso. ¡¿Que peligrosa la calle, los borrachos, los pungas y los negros violadores!!?. Peligrosas son mis manos, mi cabeza y lo que en conjunto provocan, roban, destruyen, lastiman, regalan y asesinan.
Anoche había sido todas las noches de mi vida. Mitad olvido, mitad querer olvidar por siempre. Y si fuera x, p, o z... hubiera sido con gusto y sin ningún tipo de discriminación mi objeto de acecho. Soy un desastre, un manojo de angustias, aspiraciones y hormonas. Soy un desastre, soy un desastre en el suelo, con vomito en los dedos de los pies y con una terrible jaqueca que por momentos pareciera fatal.
Me desperté de mediodía ya, a juzgar por la posición central del sol . Después de una ducha helada y un café cargado con tostadas de domingo había pasado a ser un martes fresco, aunque el calendario me mentía diciendo que era sábado. En televisión, los canales de aire habían suspendido las novelas de la tarde poniendo en su lugar deprimentes películas nacionales, sólo para seguirle la corriente a la mala broma del almanaque. La vida es un inmenso complot de factores que buscan destruirte. A cada uno de nosotros, la vida siempre está intentando matarnos.
¡Anoche, anoche...! no se borraba de mi cabeza y ni siquiera podía recordarla. Tenía el sabor a alguien más en los labios, así que busqué el celular, evité los mensajes no leídos y me dispuse a escribir y mandar. Al rato las respuestas comenzaron a vibrar. No leí ninguno y lo apagué. Sabía que estaban, que los tenía, que si gritaba por sexo responderían sedientos de mi sed. Otra vez ese sabor ajeno saltando ahora de los labios a mi lengua. Varios sabores tal vez... ¿Cuántos? Me encontré con mi antebrazo y sus marcas, alguien había vuelto a preguntar por ellas. Hace tiempo que había dejado de ocultarlas, ellas eran el recuerdo vivaz de mi sufrimiento interno, la expresión de la locura que me fermenta por dentro. Y ahora esa locura la disparaba hacia el resto y no sobre mi. Dolía más. Era el acto perfecto: yo necesitaba sufrir y ellos... bueno estaban dispuestos a proporcionármelo. Pero la posición de víctima no era suficiente para lograr enemistarme conmigo. Y de pronto, casi sin darme cuenta, estaba con mis actos desquiciados y vanos, lastimando a terceros. Todos necesitaban sufrir, sólo que ellos no lo sabían. Y sólo que cada uno es el único que puede ser autor de su propio dolor, directa o indirectamente.
Seis de la tarde. El agua caía desmigajada sobre mi piel magullada. Era el tercer baño. La suciedad no se quitaba.
Lloré. Mi cuerpo no valía nada, y mi alma, si es que algo de eso hubiera adentro, valía mucho menos. Escapaba a los recuerdos queriendo memorizar, llovían imágenes, palabras, sabores.. Me odié.
Yo nunca fui la víctima. Soy de todas mis noches el factor más peligroso. ¡¿Que peligrosa la calle, los borrachos, los pungas y los negros violadores!!?. Peligrosas son mis manos, mi cabeza y lo que en conjunto provocan, roban, destruyen, lastiman, regalan y asesinan.
Anoche había sido todas las noches de mi vida. Mitad olvido, mitad querer olvidar por siempre. Y si fuera x, p, o z... hubiera sido con gusto y sin ningún tipo de discriminación mi objeto de acecho. Soy un desastre, un manojo de angustias, aspiraciones y hormonas. Soy un desastre, soy un desastre en el suelo, con vomito en los dedos de los pies y con una terrible jaqueca que por momentos pareciera fatal.
Me desperté de mediodía ya, a juzgar por la posición central del sol . Después de una ducha helada y un café cargado con tostadas de domingo había pasado a ser un martes fresco, aunque el calendario me mentía diciendo que era sábado. En televisión, los canales de aire habían suspendido las novelas de la tarde poniendo en su lugar deprimentes películas nacionales, sólo para seguirle la corriente a la mala broma del almanaque. La vida es un inmenso complot de factores que buscan destruirte. A cada uno de nosotros, la vida siempre está intentando matarnos.
¡Anoche, anoche...! no se borraba de mi cabeza y ni siquiera podía recordarla. Tenía el sabor a alguien más en los labios, así que busqué el celular, evité los mensajes no leídos y me dispuse a escribir y mandar. Al rato las respuestas comenzaron a vibrar. No leí ninguno y lo apagué. Sabía que estaban, que los tenía, que si gritaba por sexo responderían sedientos de mi sed. Otra vez ese sabor ajeno saltando ahora de los labios a mi lengua. Varios sabores tal vez... ¿Cuántos? Me encontré con mi antebrazo y sus marcas, alguien había vuelto a preguntar por ellas. Hace tiempo que había dejado de ocultarlas, ellas eran el recuerdo vivaz de mi sufrimiento interno, la expresión de la locura que me fermenta por dentro. Y ahora esa locura la disparaba hacia el resto y no sobre mi. Dolía más. Era el acto perfecto: yo necesitaba sufrir y ellos... bueno estaban dispuestos a proporcionármelo. Pero la posición de víctima no era suficiente para lograr enemistarme conmigo. Y de pronto, casi sin darme cuenta, estaba con mis actos desquiciados y vanos, lastimando a terceros. Todos necesitaban sufrir, sólo que ellos no lo sabían. Y sólo que cada uno es el único que puede ser autor de su propio dolor, directa o indirectamente.
Seis de la tarde. El agua caía desmigajada sobre mi piel magullada. Era el tercer baño. La suciedad no se quitaba.
viernes, 26 de noviembre de 2010
martes, 23 de noviembre de 2010
Necesitar, sufrir... vivir en silencio.
Anoche, en una reunión con amigos, en donde nadie me conocía más allá del nombre y de la edad. Me topé con una incipiente mujer, que llevaba casi sin descuido las mismas marcas que yo en su antebrazo, pero en sentido horizontal. Me preguntó por qué, evadí la pregunta y le expliqué que la manera de suicidarse era un corte vertical, me dijo que siquiera pensó en suicidarse al momento de hacerlo.. La comprendí, como quizás nadie, pude sentir ese dolor, esa tenacidad con la que la vida había presionado su alma, y su mente no estaba a la altura de entender de donde proviene tanta angustia y cómo desaparecerla. Entendí mucho más que ella, pude leer sus cicatrices, escritas por su caligrafía, la cual parecía no poder descifrar ni ella misma.
Insistió en la pregunta inicial y me hostigó con el ‘por qué’ que desencadenaba la respuesta más oscura de mi vida. Sonreí, y solté un par de carcajadas exageradamente sonoras y ridículas, y no supe más que disfrazarme de ella, y contestar ingenuamente que no sabía por qué, que simplemente me había ‘pintado’ hacerlo. El público en la habitación asintió, aprobando mi respuesta, como si todos se sentirían de la misma manera. ¿Qué importaba por qué? En definitivamente nos habíamos sentido realmente mal, y cada uno había buscado la mejor manera de expresar, o como suelo decir yo, calmar esa necesidad por drenar la angustia.
Me sentí avergonzada, tal respuesta significaba una terrible ofensa para el pasado que llevaba en brazos. Pero nadie en esa habitación tenía siquiera un cuarto de la apertura de cabeza que se necesita para al menos llegar a considerar la locura y los enredos de mi psiquis, y ninguno tenía los ojos preparados como para adoptar como realidades, nuevas versiones de vida.
El ambiente de marihuana, la nicotina, los labios salados y una necesidad urgente de sexo. Ese era mi panorama, los cortes en mis muñecas habían cesado, y sin embargo por ese ínfimo detalle yo creí haberme curado... es verdad, ya no dejaba correr más sangre por mis brazos, refugiándome en la excitación de ver como de a poco volvía literal esa sensación constante de sentir que día a día me iba vaciando... Y porque me amigue con los alimentos, y me enemiste con los filos cromados, todos a mi alrededor, incluyéndome, recuperamos el sueño.
A poco más de un año, todos mis demonios se personificaron en elementos cotidianos de mi vida. Y los dejé entrar, desconociendo que eran los mismo elementos de tortura pasados, que ahora regresaban disfrazadazos de placeres. ‘Soy capaz de convertir un beso en una puñalada’, supe confesar acertadamente alguna vez.
Y digamos que había olvidado todo esto, pero ayer me llevó un trayecto de siete cuadras recordarlo, invocarme hace un tiempo y ver que nunca logré ser muy distinta a lo que fui.
Como si yéndome escaparía de lo que me abrumaba, o cómo si afuera encontrara nuevas y mejores maneras de lastimarme, huí. Me seguiste, me encontraste con un cigarrillo y las piernas débiles, flaqueando del sueño. Sabías que había un solo objetivo para anoche, quise ocultarlo, pero esa sed de dolor estaba explícita en mis retinas. Y me suplicaste que pensara, que estaba a tiempo. Quisiste figurar mi vida con palabras, para lograr que de alguna manera reaccionara ante el horror de lo que me provocaba (siempre voy a estar quince pasos adelante...), cuando terminó el vano monólogo, te confesé lo sola que me sentía... cuando en realidad lo que muy mal estaba intentando decirte era que había elegido abandonarlos una vez más, para fugarme con mi desdicha, a vivir en libertad esa relación obsesiva conmigo, con el fatalismo y los límites.
Realmente estaría muy desequilibrada si confesara que mi vida pende de un número tres ¿no? Realmente estaría muy vacía si te diría que es lo único que puede llenarme, muy poco valdría mi vida, si con tres unidades alcanzara a devolverle su valor.
Realmente de nada habría servido tanta lucha si diría que de vez en cuando ( y ahora es de vez en cuando) extraño el enero pasado, y quisiera, realmente quisiera de corazón, haber tenido éxito en mi intento.
Hay tanto que hubiera contestado a raíz de ese ‘por qué’. La mayoría del tiempo lo dejo de lado, y la memoria es fallida para con el dolor. Pero de vez en cuando, poso mi mano en mi antebrazo, y despacio acaricio con la yema de mis dedos su textura, reviviendo un torbellino de recuerdos que me transportan al más sombrío pasado, que pareciera estar más vivo que mi propio presente.
Perdón si me amas. Porque inevitablemente voy a volver a sufrir.
¿Cómo explicarte en este instante, cómo se siente la presión del dolor acumulado durante tantos años? Una vez más, la vida me amenaza y mi fuerza suplica por un descanso.
domingo, 14 de noviembre de 2010
La previa de la final.
Resulta que economía me tiene harta, que me levanté seis horas más tarde de lo acordado, que me tienta romper las promesas, que en una semana quiero ser feliz y es algo muy factible. Resulta que quiero salir, bailar, enamorarme, viajar en tren y encontrarte. Me tomé un café y me cambió la vida, la percepción, concentración y me abrió el apetito para desayunarme las cuatrocientas páginas del libro. Anoche el peor sábado de mi vida, también el más sano, hoy el primer domingo que no amanezco arrepintiéndome por nada... se siente bien dormir liviana. La cabeza despejada, y con una fe inmensa que moviendo montañas me va a hacer aprobar lo improbable. Y de la misma manera el próximo domingo cuando me detenga a releer estos párrafos no voy a entender de lo que hablaba, de la cantidad de miedos infundados, de la preocupación que aunque muy poca, bastante molesta. Desconociéndome sin darme cuenta. Entusiasmada, ilusionada de realidades. ¿Me faltaba querer no? Bueno, ahora quiero. Sólo resta mantenerme constante el tiempo que quede. Me espera algo, este es el principio de un bellísimo cambio.
sábado, 6 de noviembre de 2010
La respuesta NO, no me aparece como opción.
Quizás no hayan sido necesarios tantos errores para aprender a hacerlo bien. Porque ni siquiera siendo tantos pude extraer algo útil de tan malas experiencias.
Pero tengo que confesarte que soy adicta a los errores, a las equivocaciones, a esa sensación de culpa y arrepentimiento, a ese peso que se exceda a lo máximo que puedan soportar este par de hombros frágiles, a la sobrecarga de conciencia...
Sufrir se me volvió una adicción desde hace años, necesito que duela para sentirlo, necesito angustia para potenciar todas las sensaciones. Soy una masoquista con todas las letras, y aunque me convenza de haber cambiado, de necesitar algo diferente, tengo miedo de encontrar un par de ojos que me encuentren.
El miedo en realidad es hacia mi misma, de no sentir lo que pienso, de no querer lo que digo, de no buscar lo que necesito, de creer mis mentiras. Me detesto, porque es necesario que me digas que algo es dañino para que esté dispuesta a consumirlo. Y si vos me prometieras una apuñalada yo estaría dispuesta a entregarte mi espalda.
Lo necesito, odio las mentiras, y sin embargo son las únicas que logran hacerme sentir viva. Te atraigo, soy como una imán que detecta lo que promete afectarme. Todas mis relaciones son iguales, sea de familia, de pareja o de amistad, siempre consigo situarme en el papel de la víctima. Me gusta sufrir, me atraen los problemas, me encanta que me mientan... no le veo otra explicación al tema.
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