"Los hechos y/o personajes del siguiente Blog son ficticios, cualquier similitud con mi vida personal es pura coincidencia."



viernes, 22 de abril de 2011

Ojalá alguna vez leyeras esto.

Sola, con tres ‘te extraños’ en la casilla de mensajes fallidos. Mensajes míos que nunca llegaron. ¿Culpa de Personal? ¿Culpa de las dos de la mañana del lunes volviéndose las doce del mediodía? ¿Culpa de conocerlo por segunda vez, de día y lucidos? ¿Culpa de creer que podía cambiar, que podía sentirme a gusto? ¿Culpa de ellos por no entenderme? ¿Culpa de estas sogas simbólicas con que me ataron de pies y manos sólo con sus palabras, con sus llantos, con el enojo? ¿Culpa de mi obediencia o de mi desobediencia? ¿Culpa de que me haya mentido tan exquisitamente? ¿O culpa mía por ingenuamente haberle creído?

¿De quien es la culpa? De estar él allá, y yo acá. De saber que en realidad no es lo que quiero y sin embargo tengo clavada esta urgencia por necesitarlo tanto. ¿De quién es la culpa que haya llegado en el momento oportuno, en el peor de todos, cuando más lo necesitaba? ¿Culpa por desaparecer, o por arrepentirme y volver?

¿Me resigno o la peleo? ¿o pelear es resignarme y resignarme es la pelea más valerosa?
La vida no tiene culpas, la vida llega, uno toma, deja, maneja, controla o destruye. Uno la vive, la teje o la deshace. Nosotros tenemos todo, y aunque a veces nos convenzamos de que la actitud de un tercero influye radicalmente, todo es maleable, los días son arcilla y nuestras manos el único dios.



Estoy deshecha, como hace mucho. Hoy me desperté y me sentí por allá atrás, rondando el dos mil nueve para dos mil diez. Y aunque después de todo no haya pasado tanto, para mi estos meses que nos separan significaron años, largos, de esos que separan vidas y las unen con otras.



Aprendí a ser cobarde, cobarde es para mí lo que para el mundo implica ser valiente. Aprendí a dejar de llorar, entendí como ustedes, que de nada sirve una lágrima atrás de otra, que el sistema ya está armado desde mucho antes de mi existencia y que un ínfimo cablecito no es suficiente para hacer cortocircuito. Soy poco, eso entendí, chiquita, irrelevante. POCO.

Soy un dolor de cabeza como máximo, o el orgullo efímero cuando de vez en mes sorprendo y hago caso. Seré lo que quieran que sea, así tal vez en una de esas crezca.

Cada día soy más normal, y cada día por la misma razón me desilusiono más. Pero no vivo por mí, y mi vida es un trámite, un trámite para la felicidad (y ni tampoco, porque no me creo tanto) o la complacencia o tranquilidad, llámese como quiera, de alguien.

Y si esto me espera: levantarme a las seis con un café cortado, salir a trabajar sin sentir cuál es la estación del año, fumar a escondidas con chicles y desodorante, estudiar sin justicia y volver a casa a dormir, sólo para conseguir dos mentes durmiendo tranquilas... entonces estoy dispuesta, y si eso le da valor a cada lágrima que dejo salir, a cada sensación de ahogo, a cada impulso reprimido por irme, por desaparecer o lo que sea...

Si ese es el precio, vamos a pagar. Renunció a mí, a lo que quiero, a lo que puede llegar a hacerme feliz (si es que en alguna vida podría haberlo conseguido), renunció a cada minuto desperdiciado, renunció a todo por que seas feliz, o al menos porque no seas más infeliz por mí.

Fui egoísta, no soportaba más verme sufrir, ¿y que hay de los demás? ¿Cuánto pesan mis lágrimas en las tuyas? ¿Cuánto peso yo en tu dolor?

Quiero que me des todo eso que duele, amo cada parte de tu alma que llora. Amo el dolor, y cada lágrima, cada parte de tu ser que derramas por tus ojos hinchados y cansados de haberte vivido mi vida dos veces, aguantado mi dolor el doble de tiempo, o más..


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