"Los hechos y/o personajes del siguiente Blog son ficticios, cualquier similitud con mi vida personal es pura coincidencia."



lunes, 13 de junio de 2011

Desbaratándome

Puedo ponerme cursi y decir que tus labios
me saben igual que los labios que beso en mis sueños,
puedo ponerme triste y decir que me basta
con ser tu enemigo, tu todo, tu esclavo, tu fiebre tu dueño
y si quieres también puedo ser tu estación y tu tren,
tu mal y tu bien, tu pan y tu vino, tu pecado tu Dios tu asesino,
o tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.


Puedo ponerme humilde y decir que no soy el mejor
que me falta algo para atarte a mi cama,
puedo ponerme digno y decir toma mi dirección
cuando te hartes de amores baratos, de un rato me llamas
y si quieres también puedo ser tu trapecio y tu red,
tu adiós y tu ven, tu manta y tu frío, tu resaca, tu lunes, tu hastío,
o tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea.
O tal vez ese viento que te arranca del aburrimiento
y te deja abrazada a una duda, en mitad de la calle y desnuda.
O tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra
a la orilla de la chimenea a esperar...






Otra vez Sabina me habla de algo que va más allá de un amor civilizado.
A menudo uno necesita o siente sed o hambre por ciertas cosas: amor, amistad, sexo, compañía, diversión, tranquilidad, etc.
Hace un tiempo que vengo confundiendo todo en una misma cosa, como si el amor abarcara absolutamente todo y a partir de él se volvía sencilla y obligada la tarea de conseguir todo lo demás. Más bien yo creo que lo demás dejaría de importar, asesinaríamos la necesidad y errados lo daríamos por deseos satisfechos.
Pero bien como no encontré lo primordial, me pusé a buscar todo lo demás, por separado... y ahora mi vida es eso, bloques intocables, a la deriva que de vez en cuando colisionan y se fraccionan. Una vida resquebrajada en momentos tan dispares en el día, algunos hablan de ciclotimía.
Yo sólo excuso mi tendencia hacia lo insano con el pretexto de necesitar todo revuelto. Hoy comprendí que no necesito sonreír, ni amar, ni aprobar, ni trabajar... necesito felicidad, locura, poder crecer, sentir pasión.
Locura, porque no encuentro una palabra que se asemeje más a esta urgencia, a estas ganas de dar todo vuelta, de recortar el perímetro de ese concepto trillado de 'normalidad', de trascender en alguna de las tantas vidas con las que nos cruzamos a diario, de darle valor a la pena de vivir.

Dejar de pensar que la aguja gira hacia la derecha, o que el sol se esconde por el oeste, y de que la naturaleza lleva un ritmo que a la vez nos arrastra casi obligándonos a compratir un único tiempo entre todos. Dejar las pautas que asumimos desde el momento en que corbó fuerza nuestra razón. Dejar todo tipo de creencias implantadas por seres humanos de la misma materia que nosotros, que creyeron que podían elegir dentro de qué modelo viviríamos los de mañana.
¿Cuando perdimos la capacidad de elegir, de tomar un camino diferente, cuando fue que flaqueamos ante la insistencia de la masiva corriente?
Cuando fue que la palabra locura quedó relegada en el plano de lo insano, con una connotación negativa, aludiendo a una enfermedad mental unicamente porque alguien nos hizo creer que hay un sola y única manera 'correcta' de poder pensar, de poder sentir, de poder desear...

Necesito más. Y con esta expresión se desencadena la explicación del por qué la vida nunca me alcanzó. Porque en cuanto mi aspiración se incliná para ver más allá, me encuentro con un manto ficticio de realidad.
Entender que no hay límites mentales, y que nuestra cabeza puede adueñarse de cuanto se quiera.
Me fui de tema, a lo que iba, una vez más sabina pudo expresar en letras lo que mi corazón anda anhelando hace un tiempo. No es amor, no me alcanza con decir que necesito amor, y bla blá... es eso, que no concuerda con los patrones de una pareja ordinaria, ni con el ritmo de un corazón acelerado, enamorado, es eso que a menudo llaman insano, enfermizo, o locura, porque realmente no existió nadie aun que se interese por ponerle un nombre que lo distinga, y que en una especie de intento por hacerlo Sabina graba este tema.

Sed, sed de 'eso' es lo que tengo.

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