"Los hechos y/o personajes del siguiente Blog son ficticios, cualquier similitud con mi vida personal es pura coincidencia."



jueves, 1 de septiembre de 2011

To be or not to be?

Entre las muchísimas cosas que perdí este tiempo, estaban las ganas y mi pasión por escribir.
Me di cuenta que ya no tengo ganas no solo de escribir, sino que ni siquiera de procesar la vida en mi cabeza. ¿Hace cuanto no freno el tiempo para reorganizar conceptos, coordinar reflexiones o cocinar conclusiones?
No es que me sobre el día, (porque la gente angustiada sabrá entenderme muy bien cuando confiese que llorar es una tarea que ocupa mucho espacio del reloj, y más aun cuando la misma se vuelve una actividad cotidiana) pero realmente tendría, si quisiera, algunas horas extras para sentarme a plasmar pensamientos.
Pero no, últimamente largo vómitos de sentimientos reprimidos, que como me avergüenza escupirlos al mundo los escondo en la dimensión virtual. Y eso soy yo cuando escribo: una solterona de cuarenta y ocho años, divorciada en dos oportunidades, con trece kilos por sobre la media que propone el índice de masa corporal, que esta desesperada por recolectar migajas de amor, y mendiga... atemorizada por terminar sola, al punto tal que cree que cada hombre que se le cruza en el camino podría ser la última oportunidad de enamorarse en su vida.

Si nadie me conociera, si de prepo cayera en este blog y leyera, juro por dios que me haría una imagen mental así de la persona que escribe.
No hace falta aclarar quien soy, ni mi edad, ni lo que tengo, objetivamente. Porque por más que tuviera todo lo que quisiera, mientras me siga sintiendo de esta manera es lo que voy a seguir reflejándole al mundo.
No me canso de repetirlo, el mundo nos ve a través de nuestros ojos. No importa lo seamos importa lo que nosotros creamos ser, porque efectivamente eso seremos.
Cuando las cosas me salen mal (y les aseguro que eso es muy a menudo) suelo repetirme una y otra vez ¿por qué? ¿por qué mierda a mí?
Ahora me doy cuenta que soy la culpable de todo eso, que cada respuesta es porque yo decidí o sentí que así debía ser.
Podemos pasar la vida pensando que no nos merecemos nada y así nos vamos a quedar, con las manos vacías, mientras miremos con desconcierto al hijo de puta de al lado que se cree Calcuta y tiene todo lo que se le antoja (no hablo en sentido material, me parece que está demás aclarar, pero últimamente tuve el infortunio de cruzarme con mucha gente de esa calaña que malinterpretaba todos mis conceptos).

Otra vez me veo escribiendo un texto autocompasivo, de autoayuda, de gente mediocre. Algunos escriben y otros leen, algunos producen y otros miran, algunos viven y otros simplemente analizan.
Soy de los que leen, los que miran y analizan, los que se olvidaron de vivir y cuando están al borde se acordaron que la consigna del juego era simplemente aprender a ser feliz.
Soy de los que piensan que ya es demasiado tarde cuando apenas están comenzando, de los que creen en un destino escrito mientras lo escriben, soy de la rama de los incoherentes y frustrados, los que están paralizados por el temor de ser alguien, aquellos que los petrifica la sola idea de distinguirse.
¿soy eso? ¿o eso pienso que soy?
Y si lo pienso... ¿efectivamente lo soy?
Y si en este preciso instante decidiera voltear todos mis pensamientos... ¿quién sería?
Nadie es, todos elegimos ser.
A ser lo que quiero entonces, ¿qué espero?

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